Por: Alexis Posso | Fotos: Laura F. Pacheco

“Y le preguntó: ¿Cómo te llamas?; Y él le dijo: Me llamo Legión, porque somos muchos.”

-Lucas 8;30.

Eran las 2:50 de la madrugada cuando lo vio. De cabello blanco impoluto y con la tez violácea por la hipotermia. Con el uniforme hecho girones y andando de arriba para abajo frente a la estatua ecuestre del libertador. Miserable, con la mirada perdida, y – ¡Jesucristo bendito!, pensó-, mutilado de los brazos.

Las luminarias de la calle ancha hoy se ven tristes. Hay en ellas un dejo de melancolía. Todo el ajetreo del Paseo de Bolívar termina cuando cae la tarde. Los miles de transeúntes que pasan a diario por el bulevar más importante de esta urbe caribe dejan tras de sí, mucho antes de  las seis, una estela de silencio y desolación: “el centro es peligroso de noche”, le dirán las madres precavidas a sus hijos, tal como me lo dijeron a mí.

En la calle 34, a la altura de la carrera 45 (Líbano), protegida por los cañones de la colonia y gallardamente dispuesta para albergar sobre sí a la efigie confeccionada por el escultor francés Emmanuel Frémiet, la placita que corona el camellón está cansada y es presa de un silencio ensordecedor. Los árboles no se mueven, y el olor a orines y podredumbre se vuelve cada vez más penetrante.

Entre todo aquello, la única figura que desentona es la de un hombre descamisado y regordeto, que se fuma tranquilo un Pall Mall, sentado sobre una silla plástica del color de la sangre, en el flanco izquierdo del monumento.

Benjamín Quiñones tiene 65 años, y lleva 7 celando los negocios que rodean la estatua de Bolívar. “Usted sabe que siempre hay uno que otro malandro pasando necesidad”, me dice, a la vez que se lleva el lomo del dedo índice a la nariz, como si inhalara algo. A efectos de cumplir con su tarea protectora, lleva ceñido a la cintura un machete de 3 cuartas que afila unas dos o tres veces por noche. Cuenta que allí, sentado sobre su silla Rimax, ha visto pasar las cosas más extrañas.

La Barranquilla madurada al sol ha quedado en el pasado para el viejo Benja. Desde que inició su labor como celador, duerme de día y se ha acostumbrado a recibir la luz artificial de las farolas. Cuenta, con una tranquilidad inquietante, como a veces escucha a los indigentes pelear con ellos mismos, cambiando de voces, retorciéndose entre la basura. Habla de posesión, sin duda alguna, aunque prefiero pensar que se refiere a episodios causados por la abstinencia.

Habla de haber visto al diablo a los ojos, escondiéndose cual cobarde tras las pestañas de algún coleto. Dice que la maldad contenida en la noche, encapsulada en la oscuridad, viene directamente de él.

A ratos se lo imagina: negro, sonriente, riéndose a carcajadas el muy hijo de puta. Luego se lo imagina triste, y solo, y casi siente pena por él. Sabe que lo tiene cerca, sabe que quiera o no, lo acompaña en la deserción de la plaza. Quiñones admite que lo llevaría en la espalda, como una sombra, de no ser por su escapulario. Gracias a eso y a su costumbre de rezar constantemente el Padre Nuestro, el hombre negro sabe mantener su distancia.

Supo que todo aquello era real, que no se lo imaginaba, cuando se encontró frente al piloto aquel del que tanto hablaban los periódicos. Un ánima sin brazos que busca ayuda en el viejo edificio administrativo de SCADTA, hoy Centro Comercial Avianca.  A veces lo siente a sus espaldas, mirándolo con sus ojos llorosos. Lo sabe porque siempre huele a humedad,  a tarulla y a pescado, a lo que le sigue el  olor del azufre y un corrientazo helado que le baja por la espina dorsal.

Quiñones se persigna cuando el reloj marca las 5 a.m., su turno ha terminado, y por hoy ha sobrevivido. Dice que el único miedo que siente es el no poder abrir sus ojos otra vez, la idea de morirse lo ha atormentado desde muy niño.

En la soledad de la mañana, esperará a que los vendedores empiecen a llegar a sus puestos. Los saludará uno a uno y va a pretender que nada de lo que ha vivido en las noches de estos últimos 7 años ha sido verdad. Llegará a su pieza pestañeando débilmente entre las luces matinales. Dormirá de un tirón y despertará otra vez cuando la noche haya cubierto a Barranquilla, y sus únicas compañías vuelvan a ser su silla, su machete, y el hombre negro, tratando de treparse a su espalda.

EDITOR: Alexis Posso / DISEÑO Y COORDINACIÓN EDITORIAL: Andrea Cancino / EQUIPO PERIODÍSTICO: Meza Perez, Mauro Meza, Dayana Muñoz, Sharon Nugent, Diana Ordosgoitia, Carlos Orduz, Cristian Ortega, Jose Paba, Laura Pacheco, Alexis Posso, Keiner Quiroz, Alvaro Redondo Milian, Jisse Rivera, Andrés Rodriguez, Maria F. Romero, Lyznaydyz Salas, Katheryn Sanguino, Nathalia Tarazona, Jorge Tobon, Maria F. Tolosa, Maria Vasquez. / DIRECCIÓN MULTIMEDIA: Carlos Orduz / DISEÑO WEB: Andrés Tobón y Andrea Cancino.

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Texto: Andrea Giraldo, Andrés Rodriguez y Leda Martínez | Foto: Laura Pacheco

Una familia barranquillera, que en su cotidianidad como todas las de la ciudad, alegre, creyente en Dios y la iglesia, con hijos educados en la fe y los buenos valores, con sus tradicionales anécdotas familiares, guarda en lo más íntimo de sus recuerdos múltiples acontecimientos paranormales que le han sucedido a varias generaciones las cuales aún se conservan intactos sus recuerdos ya que varios de ellos han “heredado” las visiones, dones y carismas de ver/sentir cosas que los demás no perciben a simple vista.

Las historias

Tal es el caso de César, que a sus 15 años de edad, estaba en su habitación, cuando vio una mujer muy hermosa, ella sin mencionar una palabra lo llamaba con la mirada, él al ver esa situación intentó encender el bombillo, el cual lo tenía al pie de su cama, pero al tratar de hacerlo sintió un frío que de inmediato lo empujó, luego como pudo encendió la luz dándose cuenta que allí no había nadie, luego de lo sucedido le contó a algunas personas, recomendándole que pusiera un vaso de agua al pie de su cama el cual días después lo encontró con su contenido negro, que luego lo botó en el viejo muelle de Puerto Colombia, haciendo así que las malas energías recogidas allí se fueran lejos de él.

Por su parte, Gabriel contaba que él veía a una mujer que se sentaba en su cama todos los días y le echaba gotas en sus ojos, y en una ocasión al entrar a su baño vió a través del espejo a una señora de traje largo detrás de él. Otras de sus historias recuerda él fue cuando tenían un colegio llamado “Caritas Alegres” encontraron en su baño personal un florero con plantas muertas las cuales luego quemaron y para su asombro el fuego formaba la silueta femenina que bailaba.

Entre tanto, Jacqueline a raíz de una inexplicable razón para quedar embarazada fue con su esposo César donde un pastor evangélico donde los oraron y en medio de la oración, César entró en un “trance” donde vio una puerta que se abría y detrás de ella vio unos ojos que los observaba, asustandose se despertó y encontró que todos a su alrededor seguían orando, cuando de repente vió a un lado a su esposa Jacqueline llena de sangre, a lo que el pastor consideró como una limpieza. Pero estos no han sido los únicos casos paranormales de esta familia, porque justo el día previo a la muerte de Juan Pablo II, César cuenta que soñó que el pontífice se despedía de él.

La parte Religiosa

Luis Solar, pastor de la Iglesia Triunfante Camino al Cielo, recalcó que la brujería, hechicería, magia blanca y/o la santería sí existen, todas ellas comandadas por el diablo, o también llamado satanás el cual desde el principio de la existencia humana es conocido como el padre de mentiras o serpiente antigua, el mismo que se opone a todo aquello que es de Dios, disfrazado como ángel de luz haciendo ver sus planes como cosas buenas. En la misma Biblia se afirma que dentro del reino de las tinieblas existen varias potestades, principados, gobernadores y autoridades de las tinieblas, conocidas como demonios con diferentes mandos o jerarquías dentro de ese gobierno de las tinieblas.

Dios a través de su palabra, la biblia, nos habla del don de ´discernimiento de espíritu´, el cual proporciona al ministro y/o creyente en Cristo reconocer cuándo la conducta de la persona es por problemas emocionales, de salud o concerniente al espíritu. Don a través del cual se puede observar ciertas acciones que son en contra de Dios.

La biblia en el evangelio de Mateo 6:12-13, habla de la autoridad que Dios le ha concedido a su pueblo autoridad en el nombre de Jesús el poder para expulsar demonios y espíritus malignos, “Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.” ”Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.” otros de los episodios conocidos de la biblia y que reafirman la autoridad de Jesús ante estos hechos son el del evangelio de Marcos 1:22-26

“Los hijos de la luz: enemigos de las tinieblas”

Solar, afirma que todo aquel que se haga llamar hijo de Dios, y le sea fiel a él es blanco de ataques por parte del demonio, que ronda/acecha como león rugiente buscando a quien devorar, pero que gracias a la palabra se puede confiar que el Diablo no puede tocar a los creyentes en Dios porque son objetos de salvación y rescate de muchos que han seguido la senda del mal.

EDITOR: Alexis Posso / DISEÑO Y COORDINACIÓN EDITORIAL: Andrea Cancino / REVISIÓN DE ESTILO: Emil Osorio / EQUIPO PERIODÍSTICO: Meza Perez, Mauro Meza, Dayana Muñoz, Sharon Nugent, Diana Ordosgoitia, Carlos Orduz, Cristian Ortega, Jose Paba, Laura Pacheco, Alexis Posso, Keiner Quiroz, Alvaro Redondo Milian, Jisse Rivera, Andrés Rodriguez, Maria F. Romero, Lyznaydyz Salas, Katheryn Sanguino, Nathalia Tarazona, Jorge Tobon, Maria F. Tolosa, Maria Vasquez. / DIRECCIÓN MULTIMEDIA: Carlos Orduz / DISEÑO WEB: Andrés Tobón y Andrea Cancino.

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*Querido lector, la columna de esta semana no pretende discutir ni analizar nada; su único propósito es celebrar a mi más grande amiga: mi madre. La siguiente no es más que la historia de cómo nací, contada desde su voz, porque justo en esta semana, pero hace ya 20 años, era ella la que paría al que fuera su primer hijo, “su orgullo más grande”, el mismo que hoy le dedica estas letras.  

Me contó que se durmió soñando con el llanto de un niño, y que estuvo tranquila hasta la noche siguiente. Se puso el vestido amplio estampado de florecitas azules y resolvió delinearse los ojos, dos esferas nocturnas, con el color negro No.1 de Revlon. Dejó el lápiz sobre el tablero del tocador e inspeccionó cada ojo comprobando que las líneas de los párpados fuesen copias exactas pero inversas. Se retocó el rubor pellizcando el tinte de los labios sobre las mejillas regordetas. Mi madre se levantó del taburete calzándose los zapatos blancos de tirillas, cuando la sensación de estar parada sobre un charco tibio le puso los pelos de punta. Yo había decido nacer.

“Todos bromearon con que les habías dañado la noche, íbamos a salir por el día del amor y la amistad”, Me dijo. “Las primeras horas estuve calmada. Me sentía bien estando en la clínica y según el médico aún no era momento para el parto, entonces me quedé hablando de nada con otra chica que sí se veía azorada. La pobrecita se retorcía por las contracciones y yo, para distraerla, le preguntaba qué nombre le iba a poner a su bebé pero ella no me contestaba”.

“Llegué a la clínica maquillada y con el cabello cepillado, pero fueron 7 horas de labor de parto. Es una situación desesperante. No sabes qué hacer, a ratos es insoportable y a ratos la tranquilidad es sobrecogedora porque solo puedes esperar que vuelva el espasmo. Las contracciones se vuelven más y más frecuentes y no es cierto que el tiempo vuela. Al contrario. Parece como si nunca se fuese a acabar”.

“Estaba cansada, pero tú no”, me dijo. Cuando llegó el momento de parir el cuerpo solo le dio para pujar dos veces, pero fue suficiente. “No lloraste, ni tampoco te hicieron llorar”, me dijo. “Estaba agotada, pero levanté la cabeza, estaba sudada y no veía nada porque perdí mucha sangre”. Le pidió al médico que me contara los dedos de las manos y los de los pies, porque se lo había recomendado su madre, quién fue mi abuela. Se sintió aliviada cuando la cuenta llegó hasta 20.

Una vez en la sala de recuperación, la extrañó que la luz de las farolas de la calle le ofuscaba. No sentía el cuerpo y no supo por qué hasta que papá, recién afeitado para recibir al varoncito, le quitó la sábana que la cubría. Había seguido sangrando.

“Me llevaron a cirugía porque tenía hemorragia”, me aseguró. Luego de eso la llevaron a lavarse la sangre seca de la espalda, pero ella pidió que papá la ayudara. Habló con él. “Estaba pálido, estaba nervioso, me decía: ‘el niño es bonito, ¿ya lo viste?, se parece a ti, tiene la carita bonita y el pelo negrito, como tú’, pero a mí la cabeza me daba vueltas. Me caí y el me sostuvo y ya no me acuerdo de más”.

“Me levanté a la mañana siguiente con un arreglo de rosas blancas y una canasta de frutas en la mesita que estaba al lado de mi cama”. Papá había dormido con la camisa desabotonada y con la cabeza sobre el regazo de mamá. “Es hoy y todavía no sé en qué momento fue a comprar todo eso”. “Te habían puesto un mameluco blanco y te trajeron para que te viera. Lloré como una magdalena”. ¿Tienes idea de lo que se siente estar hecho de amor?, mamá sí. “El amor eras tú”, me dijo.

Mamá me contó que fue fácil cambiar el delineador de ojos por la forma en que yo ponía los ojos en ella cuando me amantaba. En ese momento no había vanidad,  no había florecitas azules ni vestidos. Mamá se “sentía bella” cuando  me reía. Mamá me contó que le dejó de doler el cuerpo cuando yo le tocaba la mejilla: “Naciste tú y contigo, nací yo”.

Gracias por todo, mamá,

Te ama,

El Gato Negro

Para las 3:32 de la tarde del día sábado 9 de septiembre, el usuario @ConfesionesUN en Instagram tenía exactamente 5211 followers, un total de 41 fotos y videos publicados, y había superado varias veces su límite diario para postear en Instastories. La cuenta, que hace  aproximadamente 4 semanas contaba con un total de 322 seguidores, está pensada como un espacio libre en el que se pueden compartir historias cotidianas de forma anónima y temporal.

Fue  justamente hace un mes cuando también se puso de moda la nueva plataforma web asociada a Snapchat cuyo nombre significa literalmente “honestidad” en arábigo.  Si juntas el “muro” web de Sarahah  —en el cual las personas pueden escribir sin dar a conocer su identidad —, con la herramienta screenshot de un teléfono inteligente, y a ello le sumas el poder de difusión de las Instastories, existen miles de posibilidades y una de ellas es volverte viral.

Ni siquiera estando fuera del país se salva uno de conocer, a detalle, los secretos de gran cantidad de personas (uninorteñas o no) que se lanzan a la red para contar eso que los desconcentra o los aqueja. Centenares de declaraciones de amor se dejan a diario en el portal, y a todas les toca su minuto —o segundo, mejor dicho — bajo el reflector. Lo que habría que considerar dentro de todo el alboroto suscitado por este misterioso usuario, no es si lo que hace al compartir ese contenido está bien o mal: la divergencia de puntos de vista sería tema para un libro. El tópico a tratar -al menos para mí- es hasta donde nos hemos sabido limitar, basados en la comodidad, a la hora de hacer que las cosas sucedan.

Dentro de los imaginarios, que suelen rayar en el modelo literario/cinematográfico, todas las historias deben tener un comienzo, un nudo y un desenlace. Sin embargo en la vida real hay nudos, ¡los que quieras!, desenlaces, ¡hasta para regalar!, pero comienzos de verdad, verdad, de pocos a ninguno. Cuando pensamos en el carácter enfáticamente social de nuestra generación, nos remitimos de inmediato al hecho de que nacimos inmersos en un océano tecnológico que nos ha ido absorbiendo más día con día. ¿Pero y el plano físico?, ¿Acaso se nos agota la valentía cuando no estamos detrás del teclado de un móvil?

La pregunta no es nueva y la  respuesta sigue siendo sí. Cuando Altmam y Taylor propusieron su teoría de la Penetración Social, seguramente no pensaron que, muchísimos años después, una risible cuenta de Instagram facilitaría la consecución del tan difícil, e importantísimo, primer contacto entre individuos. Hoy, la única penetración social que parece darse es un simple preámbulo para otro tipo de penetración un poco más literal, curiosamente, la única experiencia “física” por la que apostamos del todo.

Parece que atrás quedaron los días en los que había que darse un par de cachetadas frente al espejo del baño para agarrar coraje y pedirle salir a esa chica guapa que habíamos visto en el pasillo. ¡Si hasta Tinder y Match.com nos han ganado la batalla y han empezado a elegir por nosotros, a batuta de un algoritmo, con quienes tenemos chance de ligar! Ya no hay magia detrás  de morirse de ganas de hablarle a alguien, porque decidimos escribirle primero por WhatsApp.

El asunto no es que la tecnología no sea un recurso aprovechable para construir relaciones interpersonales concretas y valiosas. Es que hemos dejado que el primer paso ya no sea un paso, sino un clic, un miserable double tap sobre una pantalla fría. La excusa más popular frente a este planteamiento es el “miedo al rechazo”, un elemento que, con o sin teléfono inteligente de por medio, es objeto inamovible y  fuerza irresistible a la vez: si no hay chispa, la colisión es inevitable a fin de cuentas.

El amor del siglo XXI es líquido por degradación. Así es como Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, habla de la fragilidad de los vínculos entre humanos de la posmodernidad. La visión del amor disperso, poco compacto, no podría ser más válida hoy por hoy: ¡Nos hemos conformado con la versión reduccionista del proceso! Porque nos quedamos con sus tuits antes de atrevernos a oírle de verdad; nos quedamos con sus historias de Facebook antes que decidir invitarle a cine; e idealizamos su apariencia a plena luz de día y sin filtros,  con base en  lo guapa que se ve en sus posts de Instagram. Todo lo anterior genera, por supuesto, imágenes mentales y expectativas equivocadas.

Lo cierto al final del día es que la complejidad de nuestra naturaleza nos brinda diferentes resultados para la misma operación. No todos obramos de forma similar porque no a todos nos funciona lo mismo, pero nadie está exento de probar. Y como habrá quienes deban prescindir de los métodos más tradicionales para buscar resultados swipping left sobre el táctil, habrá quienes hagan lo mismo y se desilusionen al encontrar que tampoco eso les funciona. C’est la vie.

El amor, ciertamente, es algo que que todos tienen derecho a experimentar, pero no hay forma de calcular riesgos sin antes haber salido a hacer trabajo de campo. La idea general de “tantear el terreno” es conocer, y yo no seré filosofó, pero sé que “conocer” es, ante todo, una experiencia sensorial, es decir, de vistas, oídos, tactos, olfatos y gustos. Una cosa presencial en toda regla.

Basado en todo lo anteriormente expuesto y a sabiendas de que puede que terminen odiándome si algo les sale mal, les reto a encontrar una forma de llegar a esa persona que tanto les gusta o a la que simplemente quieren conocer, pero les reto a hacerlo de verdad, no encontrando primero su usuario en alguna red social.  La reacción natural es el miedo, lo entiendo, pero dentro de cada experiencia de miedo existen también la síntesis de adrenalina, que siempre acaba siendo divertida y, sobre todo, la posibilidad de sacar agallas para salir y comerse al mundo. Algo que, estoy seguro, todos tenemos ganas de hacer.

Lo último que creo conveniente decirles es que no se sorprendan si no todo sale como esperaban. Por lo general sucede que Barbie ya tiene a su Ken o, a veces, incluso a otra Barbie. Es más, creo que Ken regularmente tiene a otro Ken. Yo no soy el boletín del consumidor, pero así están las cosas en el mercado de hoy, tal cual. Eso no quiere decir que no valga la pena intentarlo.

Ya les diré yo cómo me va.

Muy de ustedes,

El Gato Negro.

El Gato Negro, 2.

Existe una tendencia en las pasarelas del trópico. Entre el instinto que nos empuja siempre hacia los linos y otros tejidos ligeros a base de algodón, y la versatilidad con la que hemos sabido sortear los desafíos que supone un clima insufrible, vamos a la conquista de la moda resort; un concepto que, para los creadores cercanos al ecuador, ya es casi una especialidad.

Recuerdo, con cierto cariño, la colección La Mer de Daniella Battle (2016), un resort en toda regla, y más recientemente, la presentada en Colombiamoda 2017 por Pepa Pombo. Sin embargo, no es el aura veraniego lo que rescato de tales trabajos. Hay en ambos un patrón de surgimiento y permanencia. Más allá de los tejidos y los colores, el asunto consiste, al menos para mí, en el renacer de las siluetas que se olvidan, de manera refrescante, de los perfiles del cuerpo mismo.

El volumen es la clave para comparar cualquier creación alternativa con las de Balenciaga. Detalle de mangas y silueta del torso en un vestido de Daniella Battle.

 

Todo me remite a Cristóbal, el español favorito de muchos amantes de la moda. Balenciaga nació en un pequeño pueblo de pescadores, a ratos soleado, a ratos muy tempestuoso. Su madre era costurera y de ella aprendió a ensartar y mover la aguja con una facilidad casi irreal, como relata quien fuera su amigo y uno de sus jefes de taller en París, el también modisto, Emanuel Ungaro.

La razón para rendirle culto a monsieur Balenciaga no es otra que su mente visionaria; para él, el cuerpo no era la pieza a destacar. Había que hacerlo lucir, claramente, pero adornándolo y no apretujándolo entre las telas. Las siluetas baby-doll, de globo, de frente y cola asimétricos, y de frentes cruzados a la usanza japonesa, son los hitos del nombre más importante que ha dado la moda española. Qué decir de los fruncidos esculturales, los plisados y los montajes arquitectónicos de las piezas del vasco, de la apuesta, tan atacada en su época, de confeccionar prendas que creaban sus propios volúmenes.

Justamente son las siluetas las que evocan a Balenciaga en el resort, y es que volumen no es siempre un sinónimo de capas y capas de crinolinas, la interpretación no es literal pero, en efecto, algunas piezas rígidas, fabricadas a partir de materiales concretamente tropicales como los linos y los algodones estructurados que mencionaba en párrafos anteriores, reciben su volumen justamente del obrar como lo hacía Cristóbal: cortando el patrón más allá del contorno del maniquí y, a veces, tomando extremo partido del almidón. Las prendas en cuestión no responden a los códigos oversize, pero sí al glamour propio de lo amplio, no siempre de lo vaporoso.

las siluetas que entallan con base en el cruce de las piezas en lo frentes recuerdan a los kimonos japoneses, una inspiración para Cristóbal. Dos conjuntos de silueta amplia de Pepa Pombo 2017.

 

Prendas de gran vuelo, faldas y camisolas con plisados y volantes que cubren curvas que puede que el usuario quiera esconder. Todo es parte de la mecánica de Balenciaga. El mismo Cristóbal lo decía: “la mujer no debe ser bella para llevar uno de mis vestidos, el vestido lo hará por ella”. Los cierres estratégicos, los pliegues convenientes, los paneles holgados y las formas; las formas que lo arreglan todo.

Esta es la herencia de la casa parisina, que responde a las peticiones, que utiliza los  recursos, que crea, aunque sea pret-a-porter, para vestir y no para deslucir a aquellos que no tienen talla de modelo, una lógica quizá no intencional, pero por demás común en las pasarelas.

Salvemos entonces la lógica de Balenciaga, que tiene todo de couture, que salva a los cuerpos, que viste y adorna y no forra como regalitos a los que tienen la audacia de vestir directo del showroom.

El Gato Negro, 1.
Fotografías de Leni Perez, Sergio Ortega y Victoria Mejía.

¿En qué momento llevar un sombrero se volvió un asunto avant-garde?, para la década de 1920, la idea de salir a la calle sin llevar uno, sobre todo si te identificabas como hombre, era difícil de asimilar.

Habría que cerrar los ojos un instante para maravillarse, si se tiene la imaginación suficiente y un poco de nostalgia por el pasado, con la Barranquilla de los veintes. Tratándose de una ciudad-puerto, era común ver llenarse los aparadores con los últimos estilos del headwear masculino.

Así llegaron a estas tierras caribeñas modelos como el boater, desde londres, el bowler (llamado también “Chaplin”) y el Panamá (o Jipijapa), directo desde el Istmo; todos ellos alternándose con modelos más tradicionales, siendo el vueltiao y otras variaciones en paja y caña flecha, los más comunes.

Los días han pasado velozmente desde aquella gloriosa época en que Francisco Galán Blanco, le hiciera honor a su apellido tocando la trompeta en la Sosa Jazz Band frente a un mar de cabezas ensombreradas. Hoy, por el contrario, que un hombre lleve algo más que pelo en la cabeza es visto casi como un pecado, si no se trata de un día de carnaval.

El sombrero beige empieza a retar estandares clásicos al combinarse con siluetas que crean sus propios volúmenes. Sombrero: @Cancastbq; Modelo: Leni Perez (@iamleniperez)

 

La costumbre colectiva de llevar sombrero ha quedado en el olvido. Las gorras de béisbol o de silueta bull han venido a cubrir cualquier necesidad práctica o estética que pudiese ser asignada a una pieza más elaborada. Esto plantea una serie de consideraciones, entre las que surge una duda particular: ¿qué valor sígnico tiene hoy portar un sombrero?

Contrario a lo que podríamos pensar, la respuesta no es demasiado académica, aunque sí esboza un tinte barthesiano: el sombrero, en realidad, conserva todos sus atributos semióticos, pero los reserva ahora para una población menos colectiva y más bien selectiva. Cierto es que, aunque no nos guste, siempre recordaremos a the boy in the hat, porque los sombreros hoy son, de hecho, generadores de ese elemento de recordación. Ideal para hacer destacar a quien sepa usarlo a su favor.

Existen, en efecto, categorías particulares de sombrero cuyo significado atraviesa por una renovación. Al tratarse, ahora más que nunca, de un asunto de tendencia antes que de moda (existe una diferencia sustancial entre lo uno y lo otro), se han rescatado modelos eternos, icónicos pero ausentes por largo tiempo en el caribe, y se les ha reestructurado y redimensionado para ponerlos al servicio del dandi contemporáneo, en cualquiera de sus facetas.

La boina o sombrero de voceador, el Panamá y por supuesto, el fedora, son algunos ejemplos de la reintegración del elemento sombrero al guardarropa masculino durante la segunda mitad de este decenio. Justamente el último de ellos, llamado también Bogart (por el actor Humphrey Bogart) será nuestro punto focal durante esta última parte.

El tan repetitivo “total black” pasa a tener un novedoso aura de misterio cuando se le acompaña de un fedora que haga match. Sombrero: @Cancastbq; Modelo: Martín Caicedo (@Martincdo)

 

El fedora o Bogart, gacho en la Argentina de Gardel, o sencillamente borsalino por antonomasia en relación a su compañía creadora, es un sombrero de fieltro o felpa usualmente adornado con un cinto a juego y cuya ala, originalmente, se acomodaba hacia abajo para cubrir la frente del usuario.

Quienes somos fanáticos de las pasarelas sabremos identificar su presencia en desfiles de numerosas casas de moda, siendo Cuba, la propuesta resort de Lagerfeld para Chanel, la más inmediata. De paja y con cinto negro, es la aparición más soñolienta (y no por eso inadecuada) que ha tenido el borsalino en las últimas temporadas.

Un look que rescata el encanto de los años 20 y el estilo dandi neo-clásico , todo de la colección Cuba, de la Maison Chanel.

 

Y aunque se diga que se le redujo a un complemento cliché, sea por las decisiones de Lagerfeld en cuanto a color y volumen, su paso por el Paseo del prado habanero fue la excusa perfecta para desempolvar cualquier modelo parecido.

Dotado de un halo nostálgico, pero con una novedosa rigidez y un ala más prominente, el fedora vuelve a hacer de las suyas, complementando el nuovo look del it-boy  de la generación Z (porque sí existen y nos encanta revisar su cuenta en instagram para ver qué outfit llevan cada día).

La copa diamante va adornada ya no solamente por el fajín tradicional. Desde cabritilla, pasando por cintos bordados o en crochet,  hasta cadenas y bandanas (o solo, ¿por qué no?), cada salida puede ser una oportunidad de reinvención para esta pieza, sobretodo si lo eliges en los tonos más accesibles (marrón, negro y beige). Si por el contrario eres de los que insiste en añadir audacia a tu conjunto,  opciones como el rojo vino, el azul rey, el naranja o el verde esmeralda pueden resultar en que tu atuendo se vuelva toda una oda a los años setentas.

El valor cultural y estético del sombrero queda en evidencia una vez se sale a la calle con él. Atraer miradas siempre será algo positivo cuando uno es consciente de lo que  lleva puesto, y un borsalino no puede ser una mejor opción para añadir un sello caballeresco y atemporal a cualquier conjunto. La versatilidad del sombrero eso sí, estará marcada quizá más por el calzado que por otra cosa. Entre sandalias, botines bohemios e incluso tenis blancos de suela baja, podrás arreglartelas para no tirar tu look por la borda. En todo caso y para que conste, si vas a llevar fedora, lo ideal es evitar los oxfords, los mocasines y los sneakers demasiado voluminosos (y los crocs, porque en serio, qué asco me das si usas crocs).

 

El estilo de un  sombrero puede ser de lo más versátil. en la foto: look boho incluyendo el clásico fedora en tono marrón oscuro , lentes traslucidos y collar contrastante sobre jumper con aplique de texto.

 

La temporada de sol intenso y lluvia en nuestra ciudad nos invita nuevamente a mirar hacia el pasado y a encontrar en él un equilibrio provechoso, rescatando un objeto icónico al que se le rinde culto por ser el toque masculino más práctico que haya conocido la moda. Un sombrero, siempre y cuando tenga la forma adecuada, puede ser eso que estabas buscando para lucir a tono con la temporada, tan de jeans ajustados y camisetas oversize, sin dejar de darte un aire chic tomando partido de la historia y estéticas tan particulares que aporta cada modelo. No por nada es el must que esperamos seguir viendo por varias temporadas más en pasarela.

Por Alexis Posso

Existe aún, en el número 53 de Christopher Street, en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, un barecito que pone en letras grandes de neón rojo “The Stonewall Inn”. El lugar, más que un local comercial, es un sitio de peregrinaje: fue allí donde comenzó, nada más y nada menos, que el movimiento por los derechos de la comunidad LGBTI. Aquel 28 de junio de 1969 es la fecha clave para entender por qué este mes las calcomanías de tus Instagram Stories llevan arcoíris por todos lados.

“El mes del orgullo” es una gran excusa para celebrar la diversidad, es cierto. Colectivos de ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Río de Janeiro y la misma Barranquilla organizan desfiles y encuentros para vestir localidades enteras de rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Sin embargo, esta columna no es para contarles eso.

Hay una reflexión incisiva que llevo haciéndome desde hace ya un par de meses, cuando me invitaron a ser el maestro de ceremonias de un encuentro académico sobre la nueva generación de vías en el país. En un principio me fue dicho que, con un tema tan particularmente cuadriculado, tenía que hacer del encuentro algo más ameno; de manera que saqué todo el carisma que tan regularmente me hace falta y traté, lo juro, de ponerlo al servicio del simposio. Todo marchó bien durante las primeras intervenciones, los asistentes (estudiantes de Ingeniería Civil de varias universidades sumados a uno que otro docente) se veían muy interesados en el tema.

Para hacer la historia corta: En cierto momento, leyendo el perfil profesional de uno de los ponentes invitados, advertí en voz alta la frase “especialista en pavimentos”. Debo dejar claro que hasta ese momento de mi vida no tenía ni idea de que alguien podía estudiar para ser tal cosa, y por inercia, así se lo hice saber a la audiencia; el comentario suscitó, sin querer, una que otra risa. Ahora entiendo que, en medio de un encuentro de esa índole, las risas no tienen cabida, y menos en medio de la presentación de un ponente, pero eso tampoco es lo quiero contarles.

Un importante profesor de ingeniería se encontraba presente en la sala, y al final tuvo que cubrir a uno de los ponentes que no habían podido asistir al evento. Durante su intervención, se encargó de manifestar su disgusto por mi comentario de una forma por demás humillante. “No puede ser que este muchacho diga que no sabía que existe la especialización en pavimentos”, repetía y repetía, mientras yo, haciendo de tripas corazón, me esforzaba por no responderle, literalmente mordiéndome la lengua en un rincón del auditorio. Al final, se tomó la molestia de buscar entre sus documentos y proyectar una copia del portafolio de postgrados del departamento en la que, claramente, figuraba la “especialidad en pavimentos”. “Para que veas que sí existe”, me decía, y el auditorio entero soltaba una carcajada mortificante.

Yo no me quejo, he lidiado, y no es presunción, con peores cosas en mi vida. Lo que me preocupó, una vez estuve en mi cuarto y pude repasar todo con cabeza fría, fue el pensar en lo mucho que se repite esa situación a diario y a cuantas escalas. Cuando pensamos en una persona sobre cuyas sienes se ciñe algún tipo de autoridad, instintivamente creemos, o al menos intentamos creer, que se trata de alguien respetable. Pongamos eso en duda por un instante.

Cuando alguien poderoso usa su privilegio para hacer daño, para crear ambientes hostiles, para generar empatía a partir de la degradación del otro, es ahí cuando podemos decir que la vaina está fregada. De haber querido darme un lección que de verdad me fuese útil, hablar directamente conmigo hubiese sido una mejor opción, aconsejarme no ser “imprudente” si se quiere. Él, sin embargo, decidió hacer de mí el chiste de la tarde mencionando sin piedad el incidente, haciendo que las risas fueran más y más fuertes.

Pensemos en el subtexto de todo lo que ocurrió: un estudiante de periodismo presentando un simposio sobre vías, bien, pero uno que se atreve a jugársela y provocar risas en torno a algo tan magno como la ingeniería civil, ni pensarlo. La ingeniería es una carrera muy seria, que requiere de dedicación y esfuerzo. No como el periodismo, que ni estudiarse debería. Y para decir todo eso no necesitó pronunciar ninguna de esas palabras.

El mundo está lleno de gente así. Van en fila desde la casa blanca hasta los lugares más inimaginables. Todos hacen parte del mismo equipo y su juego es sencillo: se trata de buscar la oportunidad para reafirmarse tomando partido de la incapacidad que tiene alguien que está “por debajo de ellos” de responder. Cuando una “autoridad” se da el lujo de hacer un canallada así, es como darle permiso al resto de gente para hacer lo mismo.

¿Qué tiene que ver todo esto con el mes del orgullo?, que no existe una mejor ocasión para hacer un llamado al respeto y a la tolerancia. Mi caso es estúpido comparado con tantos otros que suceden a diario. Allá afuera hay gente dispuesta a hacerte sentir inferior, aún en pleno siglo XXI, por tu sexualidad, por tu apariencia, por tus carencias, por tus decisiones, por tus deseos, por tus sueños, por cómo te vistes, por lo que desconoces, y hoy, sinceramente, ya no se trata de todo eso. Se trata de celebrar lo iguales que somos, y de construir mejores personas basados en nuestras diferencias, dejando atrás las jerarquías inútiles y sobretodo los egos.

Piénsenlo, hay gente que se dedica a la docencia y que basa su ejercicio en estas mismas prácticas degradantes. ¿Qué clase de personas se forman en esas aulas? Futuras copias de Donald J. Trump y Nicolás Maduro. Personas emocionalmente inestables, dispuestas a humillar a cualquiera que consideren un blanco fácil, el tipo de gente que vive en constante búsqueda de la aprobación colectiva. ¿Es eso lo que necesita el mundo hoy?

Que el mes del orgullo sea el primer mes del resto de nuestras vidas. Celebremos todo lo que nos hace quienes somos: sexualidad, apariencia, carencias, decisiones, deseos, sueños, cómo te vistes, y sobre todo lo que desconoces, para que tengas una excusa para empezar a conocerlo de la mano de gente que va contigo camino a convertirse en mejores personas. Que ya no estamos para vivir de nuestros títulos, de diplomas o de andarnos con eso de “o es blanco o es negro”, hoy más que nunca, la vida puede estar pintada del color que quieras.

 

*Esta columna de opinión representa únicamente y exclusivamente el punto de vista del autor. De ninguna manera sus planteamientos compromenten la postura del periódico El Punto ni la de sus gestores.

Con una propuesta para la prevención y gestión de crisis en las empresas, estudiantes de octavo semestre dan cierre a la asignatura de cara al mundo laboral.

Por Omar Alvarez

En el día de ayer, martes 16 de mayo, se llevó a cabo la presentación de Proyectos Académicos de Comunicación Organizacional (PROACOR) a cargo de los estudiantes de octavo semestre de Comunicación Social y Periodismo, en las instalaciones del Museo de Arte Moderno de Barranquilla, bajo la dirección de la catedrática de la asignatura, Angélica Gómez.

Dicho encuentro tenía como objetivo entregar a líderes de algunas empresas de la ciudad el trabajo final realizado por los jóvenes estudiantes, que consistía principalmente en un manual de crisis.

El evento dio inicio con unas palabras de agradecimiento de la docente del área, Angélica Gómez, quien destacó la labor de los estudiantes para coordinar toda la logística del evento y la importancia que tenía para ella sacar del aula de clase el material académico impartido. Además, entregó detalles de cómo fue el paso a paso del trabajo de sus estudiantes con las empresas intervenidas: primero un diagnóstico en comunicación, después algunas entrevistas con directivas y miembros de la empresa y luego la elaboración de un manual de crisis que pretendía, en últimas, mejorar la reacción de las organizaciones ante situaciones inesperadas.

Posteriormente, líderes de cada grupo se presentaron para hacer entrega formal del manual de crisis a los representantes de cada empresa, no sin antes agradecer por la experiencia académica que ya cuenta como un trabajo en el mundo real.

Entre las empresas intervenidas se destacaron Hot, el punto múltiple del sabor, Seminario de Barranquilla Juan XXIII, Museo de Arte Moderno de Barranquilla, entre otras del sector de los alimentos y ONG’s.

Paola Alcázar, directora de Extensión Universitaria, dio cierre a la programación académica del evento con una exposición sobre los requerimientos de un comunicador social “20/20”, haciendo analogía al término utilizado para describir una visión en óptimas condiciones.

Alcázar, quien tiene una amplia experiencia en el campo de la comunicación organizacional, dio algunos tips sobre cómo ser más eficientes en esta labor y compartió su concepto de las Inteligencias Múltiples, el cual, desde su concepto, debe afianzarse en los profesionales para trascender del conocimiento técnico al desarrollo de una labor más creativa y propositiva.

Además, contó sobre sus diversas experiencias profesionales y cómo estas la enriquecieron para llegar al lugar donde se encuentra hoy. Finalizó motivando a los jóvenes a ser mucho más críticos ante lo social y siempre tratar de destacarse frente a lo homogéneo.

El evento finalizó con un cóctel que brindó el escenario para disfrutar de la exposición ‘Rodolfo Abularach. Pinturas & Dibujos’ y la presentación musical de Lina Rojas, quien deleitó a los asistentes con su voz.

De esta manera, se dio cierre a la asignatura de Seminario en Comunicación Organizacional.

Hoy al fin llegó el día en que “Colombia“ salió a  “protestar contra la corrupción, la implementación de los acuerdos de paz y la reforma tributaria, entre otros temas”. Es una afortunada coincidencia, por lo menos para mi como periodista de opinión, que la dichosa marcha haya sido programada para el 1 de abril (día en el que se celebra, en muchos países occidentales, el día de los inocentes), porque creo que fueron precisamente almas inocentes (todo un eufemismo) las que salieron a marchar.

Desde que inició la campaña que inundó las redes sociales con su discurso reiterativo, basado en la hipótesis y carente de todo respaldo factico, veía venir, como en el cine B, una secuela de aquella película malísima pero ampliamente publicitada que termino llevándosela toda en la taquilla, una vaina tipo “La cartilla 2: El regreso”.

Pues bien, le dieron y le dieron, y lo lograron (otra vez): los videítos de 30 segundos que usaron caficultores de aspecto agotado, concejales y “ciudadanos preocupados” para replicar el mensaje de indignación de “todos los colombianos”, e invitarlos a marchar por una “Colombia más justa” dieron resultado, y en ciudades como Bucaramanga, Ibagué, Medellín, Bogotá y por supuesto, Barranquilla, miles de personas se dieron cita para decirle “No +” (tal cual) al gobierno Santos.

Días así me hacen levantarme de la cama pensando en cierto programa de tv que no vio mi generación, pero que yo sí he tenido la oportunidad de ver. En tal programa, dos locutores apellidados De Francisco y Moure saludaban a su audiencia con frases del tipo:

Sí, eso fue una puya, y a quien le caiga el guante, que se lo chante.

Que existan personas capaces de adherirse a las lógicas inestables de un hombre que tuvo dos periodos presidenciales y que ha sido, literalmente, incapaz de dejar ir por completo ese capítulo de su vida (porque lo de él es mero capricho, se los juro), es preocupante. La bendita marcha tenía por slogan “Mil razones para marchar”, y era cierto, porque cada día le salía un tema nuevo: que si la corrupción, que si el desarme, que si el ELN, que si Santos, que lero-lero, que yo tengo gente que marcha porque yo les digo que marchen y usted no.

Yo, aunque me río, también estoy medio indignado. Es que la bendita propaganda no hacía sino repetir que “Colombia” iba a marchar, que pitos, que flautas. Un momentico, señores. Yo no soy menos colombiano que ustedes y  no pensé nunca en salir a marchar, entonces dejémonos de generalizar, si se quieren volver un partido Nazi a la colombiana, a mí no me cuenten. Porque esa es otra: ¿con qué derecho me dicen que “la Colombia de bien” fue quien salió a marchar?, ¿qué clase de falacia es esa?, no sean atrevidos.

Hay que joderse. Colombia: corrupción hay en todos lados, y ese es un tema que no se resuelve a punta de marchas que lo único que buscan es reclutar más ovejas para el rebaño. A los que participaron: su marcha no fue suya. Se caminaron toda una procesión por cumplirle un capricho al señor de las gafitas. En vez de andar por ahí obstruyendo el tráfico, podríamos empezar a hacer decrecer el índice de abstinencia en las urnas. Obviamente no es coincidencia que eventos así se den justa y convenientemente antes de  las elecciones presidenciales de 2018.  La idea es bajar los humos, quitarle seguidores a uno y dárselos al otro, y así seguiremos por los siglos de los siglos hasta que Colombia sea una más para la lista de países enterrados hasta el cuello.

Para todos: déjense de mecánicas bipartidistas no oficiales, el cambio es necesario. Los “ismos” hacen daño. La idea es probar cosas nuevas, cosas diferentes, cosas que al final nos representen una lección y no un escarmiento (que bien diferentes que son, que conste). ¿No se acuerdan que este monigote era el “super amiguis” del gafufo?, él llegó como una extensión, como una continuidad, el problema fue que les volteó la arepa ya entrados en gastos. Toda una juagada de telenovela, que aplaudo entre carcajadas, la verdad.

Que quede claro, aun así, que, usando las palabras del gran Juan Gossaín: yo ni uribista, ni santista, ¡periodista! (está bien, en parte sólo quería usar la frase, me atraparon).

Ya para cerrar, les diré a los que salieron a marchar que no los juzgo (¿ven?, ¡mentir es muy fácil!), de pronto si a la lista de razones para marchar le hubieran incluido “volver a programar el Reinado Nacional de Belleza para el 11 de noviembre “, yo también hubiese marchado. Les queda para la próxima.

 

 

 

 

Por: Isabella Hernández

La reconocida comunicadora social y periodista, María Fernanda Romero Martínez de 25 años de edad, ha seducido a miles de personas gracias a su talento con la locución, actuación y a su arrolladora personalidad. Hoy en día cuenta con más de 600 mil seguidores en su cuenta de Instagram.

Su boom en las redes sociales tomó impulso cuando comenzó a hacer parte de los videos del humorista Juanda Caribe, sobre todo con sus videos bailando de “martes de champeta”.

Todo comenzó cuando en el colegio le mandaron a hacer un trabajo en donde ella era la presentadora, sus compañeras de clase le decían que lo había hecho excelente y fue en ese momento cuando descubrió cuánto le gustaba todo este mundo de los medios. “El mismo cuento que le hecho a todo el mundo”, afirma entre risas.

“Cuando tenía 5 años hacía bolitas con las medias y me las ponía en los senos, me ponía frente al televisor apagado, me veía en el reflejo y empezaba a presentar junto a mi prima que hacía el papel de camarógrafa”, menciona riéndose.

Se dio a conocer en el programa de televisión “4-8-12” del canal Telecaribe a sus 16 años, en donde con su picardía conquistó el corazón de muchos niños. Posteriormente, al darle fin a este programa pasó de forma inmediata a hacer parte de un nuevo programa llamado “El bus amarillo”, que era netamente actuado, en el cual, la sincelejana obtuvo su papel protagónico sin necesidad de casting alguno.

María Fernanda se caracteriza por ser una persona muy sencilla y descomplicada, “Muy fácilmente me pudieron encontrar arreglada, maquillada, pero no, estoy así, llegando del gimnasio y acabada de almorzar”, afirma. Le encanta hacer ejercicio y comer, como dice ella misma, es el equilibrio perfecto.

Por otra parte, no tolera que la gente se meta en la vida de los demás, le desespera la gente que le llega a hablar mal de otra persona, por cierto, siempre lleva presente el lema vive y deja vivir “Mi vida es mi vida, la tuya es la tuya, yo vivo la mía y tu vive la tuya” menciona.

Lo que muchos no saben es que a María Fernanda su pasión y talento por la radio y la televisión la condujeron a no solo trabajar para Telecaribe sino que también la llevó a hacer parte de emisoras como “Rumba” y “La mega”. Durante este momento también realizaba su carrera de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Autónoma del Caribe en horas nocturnas. “Mientras todos llegaban de rumbear yo estaba llegando a emisora rumba a trabajar, y Lencho mi compañero de trabajo de ese entonces me decía hija mientras ellos rumbean nosotros ganamos plata” mencionó María Fernanda.

Hasta el 15 de Diciembre del año pasado María Fernanda trabajo para el programa “Feliz día” en Telecaribe junto con Agmeth Escaf, pues se le dio fin al programa. “El programa de Agmeth junto a Telecaribe estaba al nivel de Muy buenos días o de día a día en términos de audiencia, el problema era que tenía un bajo índice en las ventas en donde el actor debía responder por el salario de los empleados del programa y con las necesidades de producción, por lo tanto, se vio en la triste decisión de acabarlo, yo no lo podía creer, disfrutaba mi trabajo en el programa” afirma la sincelejana.

Al ser una de las mujeres influyentes en las redes sociales, muchos las ven como referencia. “Me cuido mucho de las redes, es más, tomé la decisión de no dar fotos cuando voy a rumbear mientras estoy haciendo la vida de una pelada normal, bailar, disfrutar, porque si salgo con un ojo para un lado enseguida van a decir, allá está la Mafe romero borracha” menciona. Aunque le encanta el hecho de tener tantos seguidores, de que le  lleguen comentarios muy lindos de gente que la admira mucho, que le pidan consejos fitness como también de la carrera de Comunicación, eso le fascina.

A pesar de las distintas propuestas de radio que ha recibido la presentadora en otras ciudades aún no quiere irse de Barranquilla, dice que aquí se siente muy bien. “Lo ven a uno como referencia de la costa, mucha gente y marcas me relacionan por eso, si necesitan apuntarle a algo de la costa, me toman a mí, además, amo estar en Barranquilla aunque no sea de acá, no me quiero ir. Uno puede ser reina en la casa de uno, el costeño apoya lo suyo, y así uno contribuye al crecimiento de lo suyo”

Uno de los pilares principales que se tenían en el programa Feliz Día y de igual manera la presentadora, consistía en porque hacer algo para otros, si podemos hacer algo para hacer crecer a nuestra tierra, a nuestro Caribe Colombiano.

Lo que viene ahora para la presentadora es seguir manteniéndose en las redes sociales, como ella misma dice “Me va mucho mejor en las redes que en el mismo programa”, de igual manera se centrará sacar adelante su nueva línea de zapatos “Mafe Romero Shoes” de la cual dice que le ha ido excelente, pues son diseños innovadores y personalizados, “Plasmamos lo que quieren las clientas en nuestros diseños”.