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Manuel Pérez Fruto, un hombre convertido en un legado de vida

El periodista que ha convertido el carnaval de Santo Tomás en un hito de la cultura popular.

 A sus setenta años Manuel Gaspar Pérez Fruto, originario de Santo Tomás, conserva una vitalidad impresionante y un gran  carisma  mezclado con jocosidad, que a diario comparte con sus colegas más allegados quienes lo definen dándole el título de “Manuel el amigo de todos”.

Manuel es un periodista  veterano esculpido a cincel bajo la mano de grandes  periodistas como; Juan Gossaín (escritor galardonado con un premio Simón Bolívar y exdirector nacional de noticias en RCN)  y José Orellanos (periodista reconocido a nivel  nacional). Pérez, lleva sobre su espalda la experiencia de más de 30 años dedicados al oficio, no es una casualidad que en la actualidad sea catalogado como el periodista más antiguo de la ciudad y el más experto en  lo que a crónica judicial respecta.

“He trabajado 15 años al lado de  Manuel,  teniendo en cuenta su  experiencia se podría decir que es una persona que conoce perfectamente su oficio, siempre está atento a lo que pasa  teniendo siempre la información a primera mano” afirma Maira  Maestre, amiga y compañera de trabajo. Sin embargo, a pesar de todo ese recorrido, todavía conserva con ímpetu la misma pasión del primer día. Basta una llamada para que  Manuel salga de las oficinas del diario La Libertad, compre un café al señor del tinto que trabaja a las afueras del periódico, lo deguste bajo un sol ardiente y enseguida se dirija con dinamismo al lugar de la noticia.

Ya en lugar de los hechos Manuel es un observador implacable, analiza cada detalle buscando cada esquirla de información, no se cansa y espera un poco impaciente hasta esclarecer lo sucedido, luego parte a su oficina,  se sienta en el escritorio e inicia la redacción de otra de las cientos de historias que ha escrito.

La relación con sus compañeros  de trabajo es bastante afable. Entre todos se realizan bromas, comparten gratos momentos, incluso muchos de ellos, especialmente los periodistas más  jóvenes,  acuden a Manuel en busca de consejos para realizar un mejor trabajo. Manuel sin titubear está siempre dispuesto a colaborar y dirigir a quien lo necesite.

Hace mucho tiempo abandonó su nombre por “Gaspito”, diminutivo de Gaspar. Es apodado así por sus conocidos: un cálculo imparcial diría que es el 99 por ciento de los habitantes de Santo Tomas, y una buena parte de la población barranquillera. Es su manera retribuir el afecto de las personas hacia “Gaspito”.

Manuel Pérez Fruto
Tomada de El Heraldo

 

Manuel  creció en una familia humilde de campesinos, conformada por sus padres  y 7 hermanos.   Vivían en santo Tomás, pero su padre tenía una pequeña finca a las afueras del Pueblo.  Allí  poseían varios cultivos y algunos  animales, que les servían como recursos para subsistir. A pesar de las difíciles condiciones económicas, Manuel  vivió una infancia feliz pues disfrutaba de  lo sencillo de la vida “me quedaba hasta 3 días en el monte con mi papá y algunos primos realizando labores del campo, allí compartíamos mucho hasta que entraba al colegio, tengo recuerdos muy bonitos de esa época” comenta Manuel.

Estudiaba en el Colegio Oriental y  durante sus vacaciones escolares, el joven Manuel ayudaba a su padre en los quehaceres de la finca, salía a recoger ajonjolí en épocas de cosecha, a buscar agua en los pozos aledaños y conseguir leña para cocinar.  Entre otras actividades.  Todas estas vivencias le enseñaron innumerables tradiciones, le inculcaron en lo más profundo de su corazón el valor y el amor por la tierra, y por el pueblo.

La pasión por el periodismo llegó cuando terminaba la década de los setenta, en sus últimos años de bachillerato,  más exactamente cuándo tenía alrededor de 20  años, todo porque le gustaba escribir notas sobre los partidos que se jugaban en el colegio, y las colgaba con orgullo en el periódico mural de la institución. En ese entonces  tenía muy claro que informar para otros era lo que quería hacer por siempre.

Fue así como siguió por este camino,  inicialmente prestando su voz para informar en  las noticias de Forero San Miguel Informa y de Radio Piloto.

Posteriormente, logró ingresar a las oficinas de El Heraldo, a inicios de los setenta,  en donde trabajaba ocasionalmente  redactando pequeñas notas deportivas, pues era lo que más le apasionaba,  al mismo tiempo que estudiaba Comunicación Social en la Universidad Autónoma.

Durante ese tiempo tuvo dos grandes maestros, según lo reconoce hoy: fue instruido por Juan Gossaín y José Orellanos quienes lo orientaban en la escritura de sus manuscritos. No fue hasta un primero de abril de 1974 cuando entró a trabajar oficialmente en el periódico líder de la Costa,  gracias a una vacante en el área judicial  ofertada por la gran periodista Olga Emiliani. Manuel aceptó la oferta  impulsado por sus colegas Gossaín y Orellanos,  y en ello contaron, sin duda alguna, su tenacidad, sus ganas de aprender y una naciente pasión por la crónica  judicial.

Para ese momento Manuel ya había dejado la universidad en donde cursó sólo hasta sexto semestre. No fue fácil acostumbrase al área roja, como le decían a este género, un oficio tan arriesgado en donde resultó más común de lo imaginado recibir  amenazas. Manuel se ha  enfrentado a todos los rostros de la muerte. Habla de tener en su memoria cerca 5 mil muertes a lo largo de su carrera, algo que lo ha convertido en un hombre aferrado a la vida y temeroso de morir “no me quiero morir, a pesar de haber visto tanto muertos, no me quiero morir, como dice Diomedes a la muerte yo le tengo miedo, Dios rige el destino y sé que algún día voy a morir pero no lo quiero por ahora”.

Las herramientas para la redacción del periodismo judicial las aprendió de manera empírica, en la calle, a través de la observación y el contacto con las situaciones. De ahí en adelante siguió un proceso de experiencia ganando reconocimiento en toda la región. En su paso por El Heraldo trabajó, fue mentor y maestro del desaparecido periodista Ernesto McCausland,  un gran amigo hasta el último de sus días. De hecho, gracias a una broma realizada por Ernesto, Manuel participó en una película llamada “la misión”,  protagonizada  por Robert De Niro.

A mediados de los 80 una productora norteamericana se encontraba en la ciudad realizando casting a personas que conservara  rasgos indígenas para participar en “la misión” una película en donde haría debut el reconocido actor Robert De Niro.  Ernesto  bromeaba con que  Manuel se presentara en el casting ya que buscaban a alguien carente de un buen físico, Manuel le hizo caso a su amigo Ernesto,  se presentó a manera de juego, sin ilusiones, solo  con la intención de cumplir el reto que Ernesto le había impuesto, no obstante, Manuel pasó todo el filtro hasta ser seleccionado por la productora. La película se filmó en Brasil y varios países de Sudamérica. En la adaptación Manuel interpretó a un nativo, recibiendo un sueldo de mil trescientos dólares por su actuación. Gracias a este dinero terminó de construir su vivienda. Por esta razón, siempre estará agradecido con Ernesto.

En 1995 abandonó las oficinas del Heraldo para  establecerse en las instalaciones  del periódico La Libertad. Pérez Fruto consagró su carrera trabajando en este periódico en donde labora  actualmente, a pesar de su condición de pensionado, lleva allí  más de 23  años.

No todo en la vida de Manuel  gira en torno al periodismo, también  es un fanático y amante de la cultura.  Tanto así que, en su  legado lleva a cuestas el haber sido el fundador, junto a José Bolaños De La hoz, del carnaval y el reinado intermunicipal de Santo Tomás  a mediados de los años  60. Fue un momento crucial para su vida, pues estaba trazando un camino que habrían de recorrer muchas generaciones y se encontraba haciendo historia en un pueblo recóndito y en ocasiones olvidado.

En sus inicios  Manuel amplificó la voz del carnaval a través del periódico  El Heraldo, hasta convertirlo en el segundo Carnaval más importante del departamento.

Santo Tomás es un pueblo pequeño pero que guarda en su interior una alegría desbordante provista por su gente. Las calles polvorientas del pueblo aparentan estar vacías a lo largo del año, pero una vez llegada la temporada de carnaval,  Santo Tomás se transforma en un espectáculo en donde convergen la magia y la cultura del caribe. Este se transforma en una familia de la cual  todos quieren hacer parte.

Manuel Përez Fruto
Tomada de Facebook personal

Todos los años sin falta alguna, para la época del carnaval, en  el interior de una casa ubicada en el barrio Buena Esperanza de Santo Tomás,  un adulto mayor de contextura sencilla,  trigueño y de mediana estatura, se pasea flamante de lado a lado por la sala,  llevando un disfraz  suntuoso de chino. El señor se sienta en una silla  y de inmediato su  esposa y su hija, inician el  proceso de maquillaje,  le cubren su rostro con polvos, delinean sus ojos hasta dejarlos con una expresividad asiática, le dibujan un bigote y  por último le cubren la  cabeza, que ha sido desprovista de cabello con el paso del tiempo, con un gorrito oriental. Cuando se levanta y se mira al espejo, no se reconoce a sí mismo. No es más  Manuel  Gaspar Pérez Fruto, sino,  el famoso  Chinito de Santo Tomás.  El chino sale a las calles y todas las personas lo exaltan, lo saludan,  lo aplauden, los niños corren tras él  para verlo más de cerca. Manuel porta  ese disfraz de chino desde  que tenía 33 años  hasta ahora, es decir que lleva 37 años consecutivos haciendo uso de este atuendo. En todo ese tiempo,  jamás ha repetido un solo traje,  todos los años es uno distinto, de hecho, guarda en su vivienda, como un  tesoro,  una colección de  más de 20 disfraces diferentes.

 

Manuel afirma  que la idea de este disfraz la tomó prestada hace varias  décadas atrás, cuando vio un hombre vestido  de igual forma en el carnaval de Barranquilla. En esa época Manuel acompañaba a la reina de Santo Tomás en uno de los desfiles por las calles de la arenosa, fue cuando a lo lejos vio una figura enigmática de un chino. Manuel quedó cautivado y anonadado ante la presencia de aquella silueta. Desde entonces decidió apropiarse de esta caracterización hasta hacerla no solo suya, sino de la fiesta de Santo Tomás en general, porque  el personaje se ha convertido en un icono de las festividades.

Manuel vive con pasión  las celebraciones de su tierra pues considera que en este carnaval se ve reflejado el verdadero sentir del pueblo y las tradiciones que tan celosamente protege y con las cuales ha crecido. En el carnaval de santo Tomás todos son una gran familia  cuyo corazón late al unísono de los tambores y la mezcla de  sonidos modernos. Ver  los rostros de las personas alegres, hacen que Manuel se sienta contento, orgulloso,  y realizado.

Lo que más goza en este mundo, además de la cultura  y  su trabajo,  es estar al lado de sus 4 hijos (2 varones y 2 hembras) y  de su  esposa Estela, su gran compañera en cada batalla. A Manuel le encanta salir a compartir momentos con su señora, pasear  o caminar en las tardes por los caminos del pueblo o ir a casa de alguno de sus tantos amigos, y   tomar un par de cervezas una que otra vez  por allí, a pesar de que el doctor  se las haya prohibido por su problema de hipertensión. Es padre de Julio Mario quien es el menor de sus  hijos, él es único de sus retoños que heredó la pasión  por  el  periodismo, hecho que hace sentir a Gaspito dichoso.

Manuel Pérez Fruto
Manuel Pérez Junto a su esposa Estela. Foto tomada de Facebook personal.

 

Hoy sabe que no se  arrepiente de lo  vivido y se siente satisfecho con legado periodístico y  cultural que ha instaurado. En su mundo es  feliz, aferrado a la vida mira de frente el rostro de la muerte, la ve como su amiga, pues está en contacto con ella día a día, pero toma cierta distancia pues le teme, y espera que no sea pronto  el día en que esta  decida tomarlo en sus brazos.

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