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La desvertebración de los partidos políticos nos aleja de la democracia.

Los colombianos están atravesando una crisis de pesimismo y esto se ve reflejado en la desvertebración de los partidos políticos.

Colombia es uno de los países de América Latina que se ha caracterizado por tener partidos fuertes y bien consolidados. Comenzaron a estructurarse en 1848. Año en que nace el liberalismo, orientado por  José Ezequiel Rojas. Un año más tarde, surge el conservatismo, liderado por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro. Ambos partidos cogobernaron en el país desde 1990 hasta el año 2002.

Durante el siglo XX surgieron grupos de personas con posturas contrarias a las propuestas y políticas, de los partidos liberal y conservador. Por lo tanto, se originaron nuevas corrientes partidistas, tales como, el partido de la U, cambio radical, polo democrático alternativo, movimiento verde, movimiento progresista, etc. Esas, en un principio, marcadas diferencias ideológicas, se han ido desintegrando.

Los partidos políticos, que en sus inicios nacen por grupos de personas que comparten un conjunto de intereses, principios, valores, objetivos, visiones, con el fin de defender una ideología, promover la participación ciudadana y hacer acceder a sus candidatos al poder político. Se han alejado de esa definición. En la actualidad se asocian más a la corrupción y al nepotismo, que a la democracia.

Ya son 28 los precandidatos presidenciales que se lanzaran por firmas. German Vargas Lleras, Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Alejandro Ordoñez, Clara López, Carlos Eduardo Caicedo, Jaime Araújo, Martha Lucia Ramírez, por mencionar algunos, dejaron de lado sus partidos políticos para lanzarse de forma independiente. Una cifra nunca antes registrada en el país.

Las ideologías están perdiendo fuerza. Los candidatos evitan manchar su imagen con los antecedentes de sus partidos. Lo cual, resulta irónico, pues muchos le deben a los mismos su posición en cargos públicos, otros fueron sus pioneros o fundadores. Ahora resulta que deciden lanzarse por firmas imponiendo sus ideas e intereses personales.

Un poder sin ideologías que lo respalden, no se existe, no tiene fundamento. Hay que revisar en manos de quien dejamos el futuro de Colombia. La desintegración de los partidos políticos nos aleja del ideal de democracia.

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