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El primer paso para cambiar al país es votando

A veces los colombianos se hacen los de la vista gorda en temas de política. A veces es cuestión de ignorancia, a veces de resignación y muchas otras veces de pereza. Hablar de política en Colombia se ha convertido en tema tedioso que la gente prefiere evitar. Lo contradictorio es que los colombianos parecen siempre estar inconformes con el gobierno de turno. Por eso por más que se intente huir de la política, más nos persigue el hecho de que debemos transformarla. De nada vale quejarse si no se trabaja para el cambio.

Nuestro país incluye diferentes pensamientos políticos. Esto se ve reflejado en la gran variedad de partidos que participan en la política colombiana. Sin embargo a lo largo de la historia, el poder se ha centrado mayoritariamente en dos partidos: el liberal y el conservador, los cuales se rifan el país como si fuera una lotería. 

Por eso todo ciudadano tiene un derecho clave: el voto. Pero al ser el voto una acción voluntaria, muchos lo toman como un derecho opcional. Según Natalia Angarita Escobar, politóloga egresada de la Universidad del Norte y coordinadora del departamento de Ciencias políticas y  gobierno, el voto es un mecanismo para elegir los representantes que tomarán decisiones por nosotros partiendo del principio de representativa y democracia. Adicional a ellos, es a partir del voto donde cada colombiano cumple un derecho y un deber como ciudadano.

Es claro, el voto es un deber que debemos ejercer todos los colombianos. Cuántas veces hemos escuchado quejas sobre la pobre gestión del gobierno de turno, seguidas por un suspiro de resignación y encogimiento de hombros “los políticos siempre roban” o “de todos modos, no puedo hacer nada para cambiarlo” ¿La solución? Votar. Pero ¿Qué tanto votan los colombianos?.

Con las elecciones a la vuelta de la esquina es imposible no hacerse esa pregunta. Las elecciones presidencial del 2014 tuvieron una tasa de abstención del 60%*, la más alta en la historia reciente del país. Y no hay que olvidar que el plebiscito por la paz tuvo una tasa de abstención del 62,59%* cuando se convocó en el 2016. Esto solo evidencia a un electorado que cree que su voto tiene poco impacto en la historia del país.

A esto se le suman las artimañas fraudulentas, la compra y venta de votos y la cuestionable transparencia de las elecciones. Lo presenciamos el año pasado con el gobernador de la Guajira, Wílmer González Brito, que fue acusado de corrupción y maniobras fraudulentas para ganar las elecciones. 

En Colombia casi todo está a la venta. Los votos del pueblo se compran con sus mismos recursos. No es sorprendente que Colombia sea catalogado como un país corrupto en el ranking de Transparencia Internacional si tenemos en cuenta que los candidatos electos se aprovechan de la ignorancia y la necesidad de los ciudadanos para aumentar su éxito en las urnas. También es triste que aún no se haya puesto en marcha un proceso de educativo que le enseñe a los ciudadanos la importancia del voto.

Colombia es un país que quiere cambiar pero no hace nada por ello. Las campañas electorales para estas elecciones se han basado en demeritar al otro. Los bandos, en lugar de validar sus posturas políticas, se han encargado de menoscabar la postura del contrario.  ¿Serán los colombianos capaces de ver a través de un gobierno que sólo les da pan y circo? Lo veremos.

Y la esperanza dicen por ahí, queda como siempre en los jóvenes. Jóvenes como yo, que estamos cansados del mismo circo años tras año. Jóvenes que no creemos en las promesas que nos intenta vender el gobiernos de turno. Jóvenes a los que nos arde la realidad de país. Jóvenes que estudiamos, que proponemos, que hablamos. Tal vez eso es lo que le falta al país, la voz de aquellos que todavía no se han resignado. Esa voz irreverente de aquellos que no permiten ser censurados. Votar basado en ideas, en proyectos, en razones. 

*Cifras sacadas de El Tiempo

 

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