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Margarita Cabello, más allá de su cargo (Primera parte)

Por Natalia Medina Contreras – Foto de cabecera: El Tiempo 

Margarita Leonor Cabello Blanco, conocida entre sus amistades como “Margi” es abogada especializada en Derecho de Familia y en Derecho Procesal Civil. Tiene una hoja de vida impecable que la ha llevado a ocupar uno de los cargos más importantes del país, donde sólo dos mujeres se han ubicado: la presidencia de la Corte Suprema de Justicia. Actualmente, Cabello ha pasado a ser Presidenta de la Comisión Nacional de Género de la Rama Judicial y sigue siendo magistrada de la Corte Suprema.

Su carisma, sentido del deber y gran pasión por el Derecho y la Justicia le han abierto el camino en su exitosa carrera y ha sido merecedora de grandes reconocimientos a nivel nacional.

Cabello Pertenece a una familia de cinco hermanos liderada por su madre doña María Concepción Blanco Carbonell de Barranquilla y el abogado Leandro Cabello López de la Guajira, quienes les inculcaron grandes principios de vida y en especial a Margarita el amor y respeto por su profesión.

En sus momentos de cansancio o extremo trabajo, encuentra en su familia, un buen libro y la dulce caricia del mar su remanso de paz y armonía que le permiten regresar a Bogotá “recargada”. Esta entrevista la sorprende estando junto a sus hijos fuera del país y con sorpresa me encuentro con una mujer sensible, brillante y sencilla que contrasta con su imagen pública por la fuerza y equilibrio que le imprime a su cargo.

¿Recuerda a qué edad sintió esa vocación, ese llamado por el Derecho?

Desde tercero de bachillerato sabía qué quería estudiar. Soy hija de abogado, siempre tuve la intención de estudiar derecho, era siempre lo que quería ser: abogada y funcionara judicial porque era lo que veía en casa todos los días.

Además de su influencia paterna, ¿tuvo usted otros motivos que la indujeron a elegir la rama judicial?

Claro, desde mi papá, yo veía la biblioteca llena de libros, los códigos, y todo siempre me llamó la atención. De ahí empecé a madurar la idea de ser abogada cuando grande.

¿Y cuando empezó usted a tener contacto con temas relacionados con su carrera?

Yo calculo que como desde los 12 años más o menos, pues ya miraba y leía cosas que tuvieran que ver con derecho.

Supongo que esa influencia paterna también fue un gran apoyo en su carrera. 

Mira que extrañamente, mi padre, quien fue magistrado y se retiró, nunca quiso ejercer como empleado. Siempre quiso ejercer la profesión como independiente, y cuando yo empecé – que lógicamente el me ayudó a conseguir el primer empleo con un amigo de él cuando me gradué- a él no le gustó mucho que yo fuera empleado para comenzar a trabajar en la rama judicial. La promesa era que lo iba a hacer por un año. Pero ese año fueron los 33 que llevo en la rama judicial hasta llegar a ser presidenta de la corte.

¿Cuál era entonces la ideología de su padre al respecto, doctora?

Él decía que las personas debían trabajar independientes y hacerse su porvenir independiente y no vivir toda la vida sujetos a un puesto, un trabajo limita mentalmente las capacidades y la productividad. A él nunca le gustó que fuéramos empleados, sino que ejerciéramos y saliéramos adelante como independientes.

 ¿Su historia de vida marcó la influencia en el trabajo que hace usted actualmente?

Pues la verdad es que la vida siempre lo va marcando a uno, lo va llevando a uno y uno se va dejando llevar. Yo empecé a estudiar derecho porque me gustaba, pero la vida me fue marcando hacia la clase de derecho que decidí ejercer. A mí me gustaba mucho el derecho público y terminé trabajando en derecho privado por el destino y me encantó.

 

Margarita Cabello. Foto: Zona Cero.

 

Usted ha sido una defensora acérrima de los derechos de la familia y de la mujer, temas que de por sí son bastante difíciles de defender en nuestra sociedad machista. Si mal no estoy en el cargo que desempeñó como presidenta de la Corte Suprema de Justicia sólo dos mujeres se han podido abrir paso y llegar a la cima en un mundo manejado por hombres, esto es más que una hazaña. 

Sí. En la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, corte suprema que existe desde 1886 sólo han estado dos mujeres: la doctora Ruth Marina Díaz y luego llegué yo, y seguimos siendo sólo dos mujeres. Y como presidentas de la corte también hemos sido dos mujeres en toda la vida de la misma, la doctora Ruth Marina Díaz que fue presidenta hace tres años y yo que fui presidenta el año pasado. No ha sido fácil, pero uno aprende a convivir con este mundo, con un poquito de patrones culturales machistas, lógicamente.

¿Cuáles fueron los retos más fuertes a los que se enfrentó en ese mundo machista? ¿Cómo cree usted que las mujeres debemos afrontar dichos retos, ¿Por dónde comenzar?

Empezar, y en eso tardé muchísimo en explicarles que no hay por qué manejar esos poderes. El hombre es educado a través de un ejercicio de poder, les enseñan desde chiquitos a que deben manejar el poder. La mujer es educada como una mujer encargada de ser sumisa, obediente y complaciente. Son estereotipos organizados desde hace muchísimos años, entonces, es empezar a enseñar que se pueden cambiar los roles y eso no afecta para nada la condición de hombre, el patrón machista y la condición de mujer. De esa manera va uno mostrándoles poco a poco que uno puede ejercer las mismas funciones de ellos, los mismos poderes de ellos sin perder uno su condición femenina. Cuando lo van observando se sorprenden al principio, pero luego lo entienden y ya lo manejan con tranquilidad. Se trata de romper esa barrera para poder entrar y eso es lo que las mujeres debemos aprender.

A romper esas barreras y demostrar que en realidad podemos y que el ser mujeres no nos limita ante nada.

Claro, claro, es un tema de roles, es aprender a entender que no hay roles marcados para hombre y para mujer. Cuando ellos entienden eso, es más fácil intercambiar y trabajar juntos sin ningún problema.

Pero no faltó el compañero que no estuvo de acuerdo con su posición en ese entonces.

No, no falta. Claro, todavía están y todavía es muy difícil manejar esa igualdad en el ejercicio de poder como son las cortes, las altas cortes, pero ahí se va poco a poco. De hecho, estamos liderando con hombres actualmente la Comisión de Género de la Rama Judicial para enseñarle a los jueces y a las juezas a manejar equidad de género dentro de las decisiones judiciales. Es un proyecto bien bonito en el cual llevamos ya varios años tratando de enseñarles para manejar bien las decisiones judiciales, la igualdad que es lo que necesitamos.

Margarita Valencia Cabello. Foto: El Heraldo.

 

¿Cuándo se gestó esta iniciativa, en qué consiste y está teniendo vigencia?

Empezamos ese proyecto en 2008. Comenzamos sensibilizando y hoy 2017 ya tenemos toda una red de formadores y una cantidad de funcionarios tomando decisiones en igualdad y con perspectiva de género. Ha sido bien interesante con ellos. Cada día van hasta que haya un momento en el que no haya que enseñárselo sino que sea parte de su propia naturaleza, sea algo natural al ejercicio de la función. Pero hay que ir despacio para que ellos no se sientan maltratados.

Claro, es un tema importante y un problema no sólo en la corte sino en todas partes, no es concebida la idea de que una mujer quiera sobresalir cuando pasa, sienten que queremos ser mejores que ellos, sienten que los minimizamos, que queremos ser más que ellos…

Claro, el tema es  cuando se dice “ya están las mujeres queriendo mandar.” Es lo que dicen ellos. Pero es todo un proceso de entendimiento. De hecho, en la Sala Civil somos siete magistrados. Seis hombres y yo soy la única mujer y ya nos entendemos perfecto. En eso no hay ningún problema.

Es un trabajo fuerte, pero siento que tiene su recompensa.

Claro, y un funcionario judicial tiene que saberlo. Debe tener esa aplicación a la igualdad obligatoriamente en las decisiones judiciales.

¿Cuáles han sido los aportes más importantes y relevantes que ha tenido usted durante su desempeño profesional?

Uno cuando empieza tiene que obedecer los precedentes de los superiores y cuando va subiendo uno es el que marca los precedentes, entonces uno estudia los criterios jurídicos y marca las pautas que se deben aplicar por todos los funcionarios judiciales en el país. Ya eso implica una responsabilidad y un juicio en cada decisión que uno toma, porque cada decisión tiene que ser modelo para que los jueces de inferior categoría lo sigan como precedente judicial y lo apliquen en sus decisiones, entonces, es mucho más bonito y mucho más interesante cuando ya logra llegar a la cúpula porque ya es orientador ya no es sólo aplicador de la ley.

Es una responsabilidad aún mucho más grande.

Sí, claro, y por eso las decisiones las tenemos que tomar entre los siete. Tratamos que la decisión sea de todos y no de solo una persona porque implica una responsabilidad para todo el país obligatoriamente. Pero es muy bonito,  ya que uno se convierte en profesor siendo antes el alumno.

 

 

 

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