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“Las noticias eran de la guerra, ahora se habla de corrupción”: Imelda Daza (Primera parte)

Por: Diana Molina

Imelda Daza hace parte -junto a Rodrigo Londoño ‘Timochenko’- de la fórmula presidencial del partido recién nacido de la Farc. Como resultado del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), la actual candidata a vice-presidente fue escogida como una de los seis integrantes del movimiento Voces de Paz y Reconciliación, papel que ha desempeñado en el Congreso desde noviembre del 2016, al firmarse el Acuerdo Final de Paz. 

Su camino en la política inicia en los años 80 con la formación de la Unión Patriótica (UP), movimiento del cual fue fundadora, y a raíz del genocidio político en contra de este grupo, ha sido activista política para la justicia social y la reparación de víctimas. El encuentro se llevó a cabo en Valledupar, en donde habló de su perspectiva sobre el genocidio político, su experiencia en el Congreso con Voces de Paz, el desarrollo del partido político de las Farc y los desafíos que conlleva la consolidación del mismo. Entre tantos temas alrededor de la convulsa política nacional, Daza habló de la forma en que los medios han cambiado la información que se difunden: “las noticias eran de la guerra, ahora la corrupción empieza a ser noticia”. Nuestra generación la conoce a raíz de su actual participación en el proceso de consolidación de la Farc como partido político, sin embargo, su trayectoria en la política viene desde los años de su juventud.

¿Qué fue lo que la motivó  a involucrarse en un tema tan espinoso en nuestro país como la política?

Mi interés por la política data de mi infancia. Cuando era niña el país vivía la violencia liberal conservadora y en mi pueblo natal, Manaure (Cesar) se hizo una manifestación de liberales. Mi familia, Cotes, ha sido muy liberal, y ese día una tía tenía dos banderitas rojas y ella nos llevaba a la manifestación. Yo le dije que me diera la banderita, al principio me dijo que no, que eso era para adultos, pero de la insistencia casi desesperada con la que le pedía la banderita me la dio. En la marcha todos gritaban ¡Viva el partido liberal! y aún recuerdo la emoción con la que yo gritaba lo mismo, sin entender absolutamente nada.

¿Y después, en su vida adulta, qué la marcó en ese mismo sentido? 

Entré a la Universidad Nacional a estudiar Economía, y esta época fue extraordinaria, de mucho debate político entre el estudiantado, debates serios, con mucho fundamento teórico. Pero no fui activa política en la universidad ya que me parecía inmaduro de mi parte matricularme con alguien. Las tendencias de izquierda que se movilizaban en la universidad iban entre las soviéticas y chinas, en la mitad estaba el trotskismo, la revolución socialista, en fin, yo escuchaba con gran interés todos los debates, era un afán casi angustiante de saber, de entender. Esa convicción me llevó en esa época, de 23 ó 24 años, a pensar que dedicaría mi ejercicio profesional a tratar de cambiar el país, a promover nuevas ideas, de procurar nuevas políticas públicas que ayuden a resolver la grave injusticia social que marca este país.

La militancia 

Según cuenta Imelda, su primer trabajo en el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria fue una gran frustración ya que la reforma constituyó, práctiamente, una mentira para los campesinos de este país. En esa etapa su posición política no militante, no partidista, era clara. Ella militó en un movimiento político en el año 1985 cuando surgió la Unión Patriótica, el primer y ultimo movimiento de izquierda con el cual militado.  Después, hizo política con Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla, quienes crearon una disidencia del Partido Liberal, llamada Nuevo Liberalismo, pero Daza no se identificaba ideológicamente con el Partido Liberal de manera plena. Su militancia, comenta,  ha sido siempre con la Unión Patriótica y es la única organización política a la que ha pertenecido formalmente.

 ¿Por qué no se sentía identificada con otras organizaciones militantes?

 En la universidad ninguna me resultó  suficientemente atractiva, además, a mí me parecía que si yo me vinculaba al Partido Comunista, iba a tener una sola visión del mundo, muy marcada por los fundamentos políticos de ese partido. Hay cosas de los maoístas, pensaba yo, que me gustaban, sobre todo los líderes estudiantiles que eran del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (Moir), que es un movimiento con fundamento ideológico en el maoísmo. Me gustaba Marcelo Torres, que era un líder muy destacado. Entonces me parecía que si en cada grupo había líderes tan buenos, tan interesantes, matricularme era como limitarme en el afán de aprender que yo tenía. Además, no me parecía que la política debía hacerse encasillado en una visión. De joven eso no me convencía, ahora lo entiendo mejor. Ahora sí soy una persona dispuesta a militar en una organización, pero en mi juventud no quería eso.

¿Qué ha cambiado?

La experiencia de vida. Hoy  pienso que la política es un asunto muy serio y que requiere organización, disciplina y mucho compromiso. Cuando uno es joven, es muy espontáneo, y aunque sienta el compromiso, la militancia no es atractiva porque es exigente, y uno quiere tener más libertad. A esta edad yo tengo claro que el orden y la disciplina son importantes, así como la organización para que el trabajo sea más efectivo.

Imelda Daza en el Parlamento Europeo. Foto tomada de Publico.e

 

Lejos de las condiciones adversas que representaban su estadía en nuestro país y habiendo consolidado con los años una vida en Suecia, ¿por qué creyó que era necesario regresar?

 Yo fui fundadora de la Unión Patriótica y fui elegida concejal en Valledupar, pero en ese período se inició un genocidio político macabro. El resultado electoral de la Unión Patriótica sorprendió tanto al país como a nosotros mismos. La élite gobernante de este país decidió frenar el avance de ese movimiento popular a plomo. Organizaron un macabro plan de aniquilamiento físico de los líderes de la Unión Patriótica y del partido comunista. Cuando se inicia ese genocidio político yo tomé la decisión de salir de Valledupar, primero como desplazada a Bogotá, luego a Perú y después encontré el camino para ir a Suecia. Fue dramático ese desplazamiento, el contraste entre lo que había dejado y lo que encontré ahí fue enorme. Fue un contraste que se convirtió en un desafío, pero yo no tenía alternativa. Yo tenía tres hijos de cinco, tres y año y medio, y tenía que garantizarles familia, hogar y condiciones mínimas de bienestar para su normal desarrollo.

Hoy  pienso que la política es un asunto muy serio y que requiere organización, disciplina y mucho compromiso.

Su vida como inmigrante

¿Y cómo fue su adaptación estando en Suecia?

Allí me quedé 26 larguísimos inviernos, y no fue fácil a pesar de que es un país maravilloso,donde se premia la paz y se cultiva la democracia. Pero aquello no era lo mío, yo no nací allá, no me crié allá. Llegué de 41 años a Suecia y ya no tenía edad para adaptarme, ni quería. El exilio es un castigo muy duro, es una ruptura brusca de un proyecto de vida, el abandono de un proyecto político con el que había soñado siempre. Suelo decir que me llevé un equipaje cultural muy pesado, y nunca lo pude descargar, así que no tenía alternativa sino regresar para descargarlo aquí otra vez. Fue difícil. Siempre soñé con el retorno, mi cordón umbilical con esta región no se rompió nunca. Mi cuerpo estuvo allá esos años, pero mi alma nunca se fue de aquí.

¿Y logró mantenerse

En el año 2009 me vinculé al periódico El Pilón para escribir una columna cada lunes. Eso me obligaba a estar muy actualizada acerca de lo que sucedía para comentar sobre eso. Escribir esa columna cada lunes implicó para mí un esfuerzo muy agradable, y creó un vínculo muy estrecho con la región que me acercaba cada día más. Se inició el proceso de negociación en Oslo y ese día para mí fue de júbilo porque escuche muy atenta los discursos de Iván Márquez, Juan Manuel Santos y el de la canciller de Noruega y me dije “aquí hay voluntad de paz, esto va a llegar a un acuerdo para el fin de la confrontación armada”. Ese día se me abrió la ventana para volver.  Cuando  me lancé a la gobernación la idea era hacer el ejercicio de oxigenar un poco esta precaria democracia, de romper el silencio al que nos había condenado el paramilitarismo, en el Cesar. Este grupo se había apoderado de la región. Aquí se tiene que escuchar otra voz, otra propuesta, otra visión, con esa convicción  realicé esos tres meses de campaña electoral.

Denota que es necesario escuchar otra visión. ¿Cuáles fueron esas propuestas diferentes a lo tradicionalmente planteado en la política del departamento?

Yo tocaba los problemas de manera integral, cuestionaba el quehacer paramilitar, la complicidad de los ciudadanos y la impunidad que había sobre el tema. Cuestioné y denuncié la pobreza en el Cesar y más que hacer diagnóstico de los problemas, me propuse a convencer a los ciudadanos que otro país, otro Cesar, otro Aguachica, otro Codazzi eran posibles. ¿Qué necesitábamos? Mi propuesta era adquirir compromiso de cambio y organización y desarrollar la voluntad política de acceder al poder para cambiar la realidad.

Mencionó la complicidad y el genocidio político. El plan ¨Baile rojo¨ fue una estrategia de exterminio contra la Unión Patriótica en los años ochenta que desencadenó más de dos mil asesinatos a lo largo del país. Sin embargo, muchos desconocen estos acontecimientos. ¿Cuál es el origen de esta persecución?

El origen fue el acuerdo de paz que hizo Belisario Betancur con las Farc, y el surgimiento de la UP como movimiento político amplio, donde cabían todos los ciudadanos que deseaban un cambio en el país, y el resultado electoral fue el detonante. La élite que nos ha gobernado se respalda mucho en las fuerzas armadas, y siempre ha practicado la eliminación física del contrario: esa ha sido una constante aquí en Colombia. Con el contrario aquí no se debate, en vez, se le mata. Cuando la UP logró ese resultado electoral tan sorprendente, la élite se dio cuenta que una propuesta política que se hacia al país había calado en la conciencia ciudadana, y que, en un primer intento con una campaña de escasos seis meses, habíamos logrado para nuestro candidato presidencial 400.000 votos, cuando al presidente se le elegía con dos millones. En el Cesar por ejemplo, elegimos siete concejales en siete municipios distintos, y un diputado a la Asamblea; además, ayudamos a elegir a un representante liberal a la Cámara con quien hicimos alianza.

Hace unos meses, en su intervención para el Parlamento Europeo, habló sobre el genocidio político en Colombia.  Teniendo en cuenta  que puede ser un tema controversial ¿de qué manera piensa que puede haber reconocimiento y justicia para las víctimas?

 Creo que si se implementa debidamente la Jurisdicción Especial para la Paz, vamos a tener resultados muy interesantes porque no se trata solo de juzgar a los victimarios. Se debe primero conocer la verdad de lo que pasó, conocer quiénes fueron los principales victimarios en este conflicto tan largo, conocer sus nombres y apellidos y que confiesen las verdades, a sabiendas de que si las verdades son íntegras y coherentes con los hechos, no habrá cárcel. No se trata de una justicia punitiva, se busca una justicia reparadora, porque conocida la verdad, el victimario debe pedir perdón y las víctimas -por lo menos las de la UP- estamos dispuestas a perdonar siempre y cuando el victimario reconozca. Me he encontrado con víctimas de las Farc, del ELN, de la EPL, que me dicen lo mismo, se quiere sobre todo saber la verdad, ¿Quién fue y, por qué lo hizo? ¿Qué lo llevo a cometer esa masacre?

Manifiesta que conocer la verdad es el primer paso pero, ¿qué hace falta para que esto suceda?

Falta montar los tribunales de la Jurisdicción Especial para la Paz que son los encargados de juzgar a los victimarios. Ahora, victimario que no confiese verdades completas o que tergiverse los hechos, ese va a pagar cárcel. La libertad depende de la coherencia de la verdad. Estos tribunales son muy selectivos en cuanto al personal que trabajará ahí, tendrá un equipo de técnicos, auxiliares y asistentes que trabajarán  para articular varias verdades para comprobar así que los hechos se compadezcan con la realidad.

Me he encontrado con víctimas de las Farc, del ELN, de la EPL, que me dicen lo mismo, se quiere sobre todo saber la verdad, ¿Quién fue y, por qué lo hizo? ¿Qué lo llevo a cometer esa masacre?

Fragmentos destacados de la entrevista a Imelda Daza 

 

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