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El J.Balvin que llevamos dentro

Hace un par de semanas el cantante J. Balvin subió en su cuenta de Instagram un video en el que mostraba la casa de su amigo Nicky Jam. En el video podemos apreciar un Ferrari, una camioneta Rang Rover, una van Mercedez Benz, una piscina, una cancha de baloncesto y el interior de la mansión de Nicky Jam, acompañado de la voz de J.Balvin que dice “palmeras de rico, qué gran vida, qué tipo poderoso”.

Paso seguido, J. Balvin subió otro video mostrando las excentricidades del armario de Nicky Jam. Entre los dos videos alcanzan más de tres millones de visualizaciones.

Sería ridículo culpar a J.Balvin y a Nicky Jam de la crisis social que vive el mundo actual. Que solo ocho hombres posean –Según cifras de Oxfam- la misma riqueza que la mitad más pobre del mundo no es, en absoluto, culpa de los cantantes de reguetón. Ninguna estrella del espectáculo es responsable de que una de cada diez personas en el mundo tenga que sobrevivir con menos de dos dólares al día.

Lo que sí habría que revisar es por qué estos videos, en los cuales se muestran los lujos extravagantes de cantantes, son aprobados con comentarios como “espero q nunca cambien”, “balvin lo que me haces reir eres un genio” y “bellísimosss”.

No digo que los cantantes tengan que regalar su dinero o crear fundaciones. A fin de cuentas que sigan comprando lujos innecesarios es su problema. Ahora, ¿no debería haber una sanción social, un rechazo por parte de la sociedad cuando los cantantes exhiben sus desproporcionados recursos? ¿No habría que hacerlos avergonzar por aquella estupidez? ¿Por qué este comportamiento se ha normalizado en la sociedad?

En temas de salud sexual consideran al exhibicionismo como una parafilia (desviación sexual) que consiste en exponer los genitales para excitarse sexualmente o en el deseo de ser observado por otras personas durante su actividad sexual. Los expertos en el tema afirman que las personas que presentan esta desviación tienen rasgos de introversión y retraimiento, acompañado de falta de confianza en sí mismo.

Entonces si trasladamos el término exhibicionismo a nuestra realidad social, ¿podemos decir que vivimos en una sociedad enferma? ¿Somos tan exhibicionistas como ellos y por eso no los criticamos, sino que los elogiamos? ¿Qué queremos mostrar? ¿Que somos felices? 

El nobel de literatura Mario Vargas Llosa se ha referido al tema como “Civilización del espectáculo”. En su ensayo, expone que el fenómeno se empezó a construir con el desarrollo económico surgido luego de la Segunda Guerra Mundial, con el crecimiento de la clase media y la apertura de valores morales frenados históricamente por la iglesia.

“Sólo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a unas vidas encuadradas por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”, sostiene Vargas Llosa.

Con esta sociedad, se han ido mudando los referentes sociales. Hoy nadie quiere ser un intelectual, un científico o un poeta. Todos queremos ser como aquellos a los que la banalización pone en el podio: cantantes, futbolistas o modelos.

Sobre esto, el cronista Martín Caparrós cuenta una anécdota: “Estuve en Senegal, en un pueblito donde había una especie de torneo organizado por una ONG. Me llamó mucho la atención que varios de los niños que entrevisté me decían lo mismo: que lo que querían en la vida era ser grandes jugadores, ir a Europa, ganar mucho dinero y salvar a sus familias. Y no les iba a suceder, a ninguno de ellos, los vi jugar, no tenían ninguna chance. Pero eso los mantiene como en ese caminito, y de algún modo hace que no se pregunten qué otra cosa pueden hacer o que se pregunten por qué les está pasando lo que les está pasando. En vez de pensar su situación en términos reales y ver qué pueden hacer para solucionarla, siguen con ese sueño idiota de convertirse en Cristiano Ronaldo”.

No hay que vivir en Senegal para seguir en ese caminito. No confundamos el éxito (y la felicidad) con la espuma, ya nos lo dijo el escritor Paul Brito. Se me acaba el tiempo, está por empezar Protagonistas de Novela.

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