En ruinas y con un aura de perpetua oscuridad se encuentra el lugar que hace años fue una de las más grandes instituciones de salud en la región. El Seguro social de los Andes, ubicado en la calle 57 con carrera 24 está actualmente abandonado y a punto de ser demolido por una entidad privada, para construir en su lugar un centro comercial.
En su interior, habitantes de la zona y ex trabajadores del lugar aseguran haber visto los espectros de niños muertos, mujeres desfiguradas y otros antiguos pacientes, que ahora penan, condenados al lugar que fue testigo de su agonía.

Lo primero que se nota al divisar el sitio, es la agreste vegetación que crece a un costado y actúa como barrera natural entre la antigua institución y el mundo exterior. Esto, y la maraña de alambre de púas que se enreda entre las altas rejas de hierro, separan este supuesto punto de concentración espiritual del resto del barrio Los Andes.

En su interior no se escucha nada más que el eco de los pasos de los guardias, los enloquecidos ladridos de la jauría de perros callejeros, convertidos a la fuerza en perros guardianes, el ulular de los búhos y el batir de las alas de los murciélagos.
 

Al entrar a cada uno de los diferentes pabellones, es necesario enfrentarse con un túnel con paredes de baldosas incrustadas de polvo, que a primera vista se pierde en la infinita oscuridad del lugar; pero que al ser recorrido, desemboca en salones corroídos por la humedad y el moho, algunos goteando del techo, llenos de mesones por los que se riega óxido desde sus esquinas.

La única fuente de luz dentro de los laberintos bordeados por congeladores fuera de servicio y tuberías inservibles son las ventanas, rotas y entreabiertas, que iluminan las columnas a medio derrumbar y las paredes marcadas con grafitis de las personas que ocasionalmente se atreven a entrar y alterar el estado de soledad casi permanente del seguro.

Es entre el olor del excremento, la basura y la humedad, que el lugar aguarda su destino, y los habitantes del sector se preguntan ¿A dónde irán a parar las almas del Seguro de Los Andes?

El oxido y la corrosión son el elemento predominante en el desahuciado edificio.  
Los interiores del edificio permanecen enmohecidos desde 2006.
La fachada, una vez cae la noche, se vuelve un escenario fantasmal que se corresponde totalmente con la desolación de su día a día.