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“Las noticias eran de la guerra, ahora se habla de corrupción”: Imelda Daza

Por: Diana Molina

Imelda Daza es una economista colombiana, docente y activista política que luego de 26 años de exilio en Suecia, regresó a su país natal en el 2015 para postularse a la gobernación del Cesar. Como resultado del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), fue escogida como una de los seis integrantes del movimiento Voces de Paz y Reconciliación, papel que ha desempeñado en el Congreso desde noviembre del 2016, al firmarse el Acuerdo Final de Paz.

Su camino en la política inicia en los años 80 con la formación de la Unión Patriótica (UP), movimiento del cual fue fundadora, y a raíz del genocidio político en contra de este grupo, ha sido activista política para la justicia social y la reparación de víctimas. El encuentro se llevó a cabo en Valledupar, en donde habló de su perspectiva sobre el genocidio político, su experiencia en el Congreso con Voces de Paz, el desarrollo del partido político de las Farc y los desafíos que conlleva la consolidación del mismo. Entre tantos temas alrededor de la convulsa política nacional, Daza habló de la forma en que los medios han cambiado la información que se difunden: “las noticias eran de la guerra, ahora la corrupción empieza a ser noticia”.

Nuestra generación la conoce a raíz de su actual participación en el proceso de consolidación de la Farc como partido político, sin embargo, su trayectoria en la política viene desde los años de su juventud. ¿Qué fue lo que la motivó  a involucrarse en un tema tan espinoso en nuestro país como la política?

Mi interés por la política data de mi infancia. Cuando era niña el país vivía la violencia liberal conservadora y en mi pueblo natal, Manaure (Cesar) se hizo una manifestación de liberales. Mi familia, Cotes, ha sido muy liberal, y ese día una tía tenía dos banderitas rojas y ella nos llevaba a la manifestación. Yo le dije que me diera la banderita, al principio me dijo que no, que eso era para adultos, pero de la insistencia casi desesperada con la que le pedía la banderita me la dio. En la marcha todos gritaban ¡Viva el partido liberal! y aún recuerdo la emoción con la que yo gritaba lo mismo, sin entender absolutamente nada.

Entré a la Universidad Nacional a estudiar Economía, y esta época fue extraordinaria, de mucho debate político entre el estudiantado, debates serios, con mucho fundamento teórico. Pero no fui activa política en la universidad ya que me parecía inmaduro de mi parte matricularme con alguien. Las tendencias de izquierda que se movilizaban en la universidad iban entre las soviéticas y chinas, en la mitad estaba el trotskismo, la revolución socialista, en fin, yo escuchaba con gran interés todos los debates, era un afán casi angustiante de saber, de entender. Además estudiar Economía me permitió conocer los problemas del país y eso me explicaba las inquietudes que tenía desde la adolescencia. Pero también aprendí que todos esos problemas tenían solución, que lo que teníamos era que cambiar el sistema político, cambiar a los gobernantes, generar otra línea de pensamiento distinta a la que nos había gobernado y desarrollar voluntad política de hacer las cosas bien. Esa convicción me llevó en esa época, de 23 ó 24 años, a pensar que dedicaría mi ejercicio profesional a tratar de cambiar el país, a promover nuevas ideas, de procurar nuevas políticas públicas que ayuden a resolver la grave injusticia social que marca este país.

Así fue como busqué mi primer trabajo en el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, lo que fue una gran frustración ya que la reforma fue una mentira para los campesinos de este país. En esa etapa tenia clarísima mi posición política no militante, no partidista,  yo vine a militar en un movimiento político en el año 1985 cuando surgió la Unión Patriótica, el primer y ultimo movimiento de izquierda con el que he militado.  Hice política con Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla que crearon una disidencia del partido liberal que se llamó Nuevo Liberalismo, pero yo no me identificaba ideológicamente con el partido liberal de manera plena. Mi militancia  ha sido siempre con la Unión Patriótica y es la única organización política a la que he pertenecido formalmente.

 ¿Por qué no se sentía identificada con otras organizaciones militantes?

 En la universidad ninguna me resultó  suficientemente atractiva, además, a mí me parecía que si yo me vinculaba al Partido Comunista, iba a tener una sola visión del mundo, muy marcada por los fundamentos políticos de ese partido. Hay cosas de los maoístas, pensaba yo, que me gustaban, sobre todo los líderes estudiantiles que eran del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (Moir), que es un movimiento con fundamento ideológico en el maoísmo. Me gustaba Marcelo Torres, que era un líder muy destacado. Entonces me parecía que si en cada grupo había líderes tan buenos, tan interesantes, matricularme era como limitarme en el afán de aprender que yo tenía. Además, no me parecía que la política debía hacerse encasillado en una visión. De joven eso no me convencía, ahora lo entiendo mejor. Ahora sí soy una persona dispuesta a militar en una organización, pero en mi juventud no quería eso.

¿Qué ha cambiado?

La experiencia de vida. Hoy  pienso que la política es un asunto muy serio y que requiere organización, disciplina y mucho compromiso. Cuando uno es joven, es muy espontáneo, y aunque sienta el compromiso, la militancia no es atractiva porque es exigente, y uno quiere tener más libertad. A esta edad yo tengo claro que el orden y la disciplina son importantes, así como la organización para que el trabajo sea más efectivo.

Imelda Daza en el Parlamento Europeo. Foto tomada de Publico.e

 

Lejos de las condiciones adversas que representaban su estadía en nuestro país y habiendo consolidado con los años una vida en Suecia, ¿por qué creyó que era necesario regresar?

 Yo fui fundadora de la Unión Patriótica y fui elegida concejal en Valledupar, pero en ese período se inició un genocidio político macabro. El resultado electoral de la Unión Patriótica sorprendió tanto al país como a nosotros mismos. La élite gobernante de este país decidió frenar el avance de ese movimiento popular a plomo. Organizaron un macabro plan de aniquilamiento físico de los líderes de la Unión Patriótica y del partido comunista. Cuando se inicia ese genocidio político yo tomé la decisión de salir de Valledupar, primero como desplazada a Bogotá, luego a Perú y después encontré el camino para ir a Suecia. Fue dramático ese desplazamiento, el contraste entre lo que había dejado y lo que encontré ahí fue enorme. Fue un contraste que se convirtió en un desafío, pero yo no tenía alternativa. Yo tenía tres hijos de cinco, tres y año y medio, y tenía que garantizarles familia, hogar y condiciones mínimas de bienestar para su normal desarrollo.

Me llené de coraje para organizar mi vida en Suecia. Allí me quedé 26 larguísimos inviernos, y no fue fácil a pesar de que es un país maravilloso,donde se premia la paz y se cultiva la democracia. Pero aquello no era lo mío, yo no nací allá, no me crié allá. Llegué de 41 años a Suecia y ya no tenía edad para adaptarme, ni quería. El exilio es un castigo muy duro, es una ruptura brusca de un proyecto de vida, el abandono de un proyecto político con el que había soñado siempre. Entonces, durante esos 26 años que estuve en Suecia, yo soñaba con el retorno todos los días. Suelo decir que me llevé un equipaje cultural muy pesado, y nunca lo pude descargar, así que no tenía alternativa sino regresar para descargarlo aquí otra vez. Fue difícil. Siempre soñé con el retorno, mi cordón umbilical con esta región no se rompió nunca. Mi cuerpo estuvo allá esos años, pero mi alma nunca se fue de aquí.

En el año 2009 me vinculé al periódico El Pilón para escribir una columna cada lunes. Eso me obligaba a estar muy actualizada acerca de lo que sucedía para comentar sobre eso. Escribir esa columna cada lunes implicó para mí un esfuerzo muy agradable, y creó un vínculo muy estrecho con la región que me acercaba cada día más. Se inició el proceso de negociación en Oslo y ese día para mí fue de júbilo porque escuche muy atenta los discursos de Iván Márquez, Juan Manuel Santos y el de la canciller de Noruega y me dije “aquí hay voluntad de paz, esto va a llegar a un acuerdo para el fin de la confrontación armada”. Ese día se me abrió la ventana para volver. Era el año 2015 y el proceso (de paz) ya estaba avanzando. La idea de retornar coincidió con una propuesta que hicieron los hijos de mis compañeros asesinados de la Unión Patriótica de proponerme para ser candidata a la Gobernación del Cesar y mi respuesta fue que eso era un disparate,: yo tenía 26 años fuera de Colombia y 29 fuera de Valledupar. Nadie me conoce, no tengo capital para invertir en elecciones, era una temeridad. Al mismo tiempo, la Unidad de Víctimas me invitó a organizar aquí en Valledupar un acto de desagravio a las víctimas de la Unión Patriótica y ahí fue cuando regresé.  Llegué a coordinar todo lo del evento y al terminar vine a Valledupar. A los dos días era candidata a la gobernación.

Cuando  me lancé a la gobernación la idea era hacer el ejercicio de oxigenar un poco esta precaria democracia, de romper el silencio al que nos había condenado el paramilitarismo, en el Cesar. Este grupo se había apoderado de la región. Aquí se tiene que escuchar otra voz, otra propuesta, otra visión, con esa convicción  realicé esos tres meses de campaña electoral.

Denota que es necesario escuchar otra visión. ¿Cuáles fueron esas propuestas diferentes a lo tradicionalmente planteado en la política del departamento?

Yo tocaba los problemas de manera integral, cuestionaba el quehacer paramilitar, la complicidad de los ciudadanos y la impunidad que había sobre el tema. Cuestioné y denuncié la pobreza en el Cesar y más que hacer diagnóstico de los problemas, me propuse a convencer a los ciudadanos que otro país, otro Cesar, otro Aguachica, otro Codazzi eran posibles. ¿Qué necesitábamos? Mi propuesta era adquirir compromiso de cambio y organización y desarrollar la voluntad política de acceder al poder para cambiar la realidad.

Mencionó la complicidad y el genocidio político. El plan ¨Baile rojo¨ fue una estrategia de exterminio contra la Unión Patriótica en los años ochenta que desencadenó más de dos mil asesinatos a lo largo del país. Sin embargo, muchos desconocen estos acontecimientos. ¿Cuál es el origen de esta persecución?

El origen fue el acuerdo de paz que hizo Belisario Betancur con las Farc, y el surgimiento de la UP como movimiento político amplio, donde cabían todos los ciudadanos que deseaban un cambio en el país, y el resultado electoral fue el detonante. La élite que nos ha gobernado se respalda mucho en las fuerzas armadas, y siempre ha practicado la eliminación física del contrario: esa ha sido una constante aquí en Colombia. Con el contrario aquí no se debate, en vez, se le mata. Cuando la UP logró ese resultado electoral tan sorprendente, la élite se dio cuenta que una propuesta política que se hacia al país había calado en la conciencia ciudadana, y que, en un primer intento con una campaña de escasos seis meses, habíamos logrado para nuestro candidato presidencial 400.000 votos, cuando al presidente se le elegía con dos millones. En el Cesar por ejemplo, elegimos siete concejales en siete municipios distintos, y un diputado a la Asamblea; además, ayudamos a elegir a un representante liberal a la Cámara con quien hicimos alianza. Eso sorprendió a todo el mundo. Entonces, sintieron miedo de perder privilegios, poder político, miedo de que la UP avanzara. Para ellos la manera no era debatir con nosotros abiertamente, es decir, refutar nuestras tesis y propuestas. Se reunieron en Bogotá seguramente y diseñaron el plan macabro de exterminio físico de todos los líderes y lo lograron. Este es un caso único en el mundo donde a un movimiento político se le acaba a plomo. Además, no dispararon un solo tiro en vano. Todos fueron certeros, todos llevaron al cementerio a lo mejor de la intelectualidad de izquierda en este país. Cercenaron a  Colombia de una generación de gente valiosa, comprometida con la transformación del país. Ese fue el detonante, y la consecuencia todavía se siente.

Hace unos meses, en su intervención para el Parlamento Europeo, habló sobre el genocidio político en Colombia.  Teniendo en cuenta  que puede ser un tema controversial ¿de qué manera piensa que puede haber reconocimiento y justicia para las víctimas?

 Creo que si se implementa debidamente la Jurisdicción Especial para la Paz, vamos a tener resultados muy interesantes porque no se trata solo de juzgar a los victimarios. Se debe primero conocer la verdad de lo que pasó, conocer quiénes fueron los principales victimarios en este conflicto tan largo, conocer sus nombres y apellidos y que confiesen las verdades, a sabiendas de que si las verdades son íntegras y coherentes con los hechos, no habrá cárcel. No se trata de una justicia punitiva,: se busca una justicia reparadora, porque conocida la verdad, el victimario debe pedir perdón y las víctimas -por lo menos las de la UP- estamos dispuestas a perdonar siempre y cuando el victimario reconozca. Me he encontrado con víctimas de las Farc, del ELN, de la EPL, que me dicen lo mismo, se quiere sobre todo saber la verdad, ¿Quién fue y, por qué lo hizo? ¿Qué lo llevo a cometer esa masacre? Cuando esa verdad se conozca, nos acercamos al perdón. Hay que hacer el ejercicio del perdón, la venganza no puede ser la política. Ese perdón nos conduce a un conocimiento de los hechos y al compromiso del victimario de nunca más repetir lo ocurrido y reparar a la víctima. Por eso, concedido el perdón, viene la reparación y esto nos lleva a la reconciliación, que es el camino propio del proceso de construcción de paz.

Manifiesta que conocer la verdad es el primer paso pero, ¿qué hace falta para que esto suceda?

Falta montar los tribunales de la Jurisdicción Especial para la Paz que son los encargados de juzgar a los victimarios. Ahora, victimario que no confiese verdades completas o que tergiverse los hechos, ese va a pagar cárcel. La libertad depende de la coherencia de la verdad. Estos tribunales son muy selectivos en cuanto al personal que trabajará ahí, tendrá un equipo de técnicos, auxiliares y asistentes que trabajarán  para articular varias verdades para comprobar así que los hechos se compadezcan con la realidad.

El genocidio político a la UP fue en los años 80, ¿cómo se puede saber verídicamente la participación de los victimarios?

Primariamente hay victimarios que están interesados en someterse a la Jurisdicción Especial para la Paz, porque están dispuestos a confesar la verdad, a no pagar cárcel y a reponer a las víctimas. Hay otros, que son muchos, inclusive miles, a quienes la Fiscalía ya tiene identificados. Otros están presos por falsos positivos, por ejemplo. Para esos no hay muchas posibilidades de quedar libre. Ese será un proceso bastante engorroso, delicado, pero en todo caso es novedoso el procedimiento, se le está haciendo un gran aporte a futuras negociaciones de otros conflictos. Por otro lado, creo que las víctimas van a tener la oportunidad de participar en los juicios, en el proceso de construcción de verdades.  Esta Jurisdicción Especial para la Paz va a ser histórica para Colombia y al final vamos a sentir la satisfacción de que al fin se esclareció todo, muchos errores, mucho dolor, mucha barbarie, pero se va a vivir la sensación de que sanamos las heridas, y fue posible la reconciliación. Y reconciliación no es necesariamente reiniciar con una etapa de amores, no. Tampoco festejar los cumpleaños con los líderes paramilitares, pero sí quiere decir que yo podré ser candidata a la gobernación otra vez y algún jefe paramilitar puede ser candidato, y ni él o ella va a pensar en eliminarme a mí para ganar las elecciones ni yo a esa persona. Expondremos nuestras ideas y ambas serán escuchadas, difundidas y respetadas.

Ese es uno de los objetivos de Voces de Paz, movimiento político para el cual usted es vocera y surgido como respuesta a los Acuerdos en la Habana. ¿Podría hablarnos un poco más sobre el rol de Voces de Paz y cómo se ha desarrollado hasta ahora?

Voces de Paz es parte de la implementación del acuerdo. El propósito de crear este grupo fue escoger de su seno seis voceros, tres en el Senado y tres en la Cámara, que defendieran los acuerdos en su trámite en el Congreso.¿En esencia qué es? Se trata de traducir al lenguaje jurídico el acuerdo de paz. Hay que darle una forma jurídica y convertirlo en leyes para que sea de obligatorio cumplimiento por parte de todo el establecimiento. Que los alcaldes, personeros, gobernadores, ministerios, la presidencia, el presupuesto nacional, que todo se ajuste a lo acordado en la Habana. Se convino el modo de operar fast track, la vía rápida, para que fuera mas eficiente. Nosotros seis vigilamos que cada proyecto de ley tramitado se ajuste rigurosamente al espíritu del acuerdo, que nada se cambie, nada se altere, nada se agregue y nada se quite.

 

Imelda Daza. Foto tomada de El Tiempo.

 

¿Ha tenido esas experiencias en el Congreso en donde se haya tratado de modificar ciertos puntos del acuerdo?

 Sí, a los congresistas se les ha ocurrido pensar que esta es una oportunidad para modificar lo que no les gusta del acuerdo, pero no se puede modificar nada, porque el Congreso autorizó al presidente Juan Manuel Santos para negociar con la guerrilla de las Farc y el ELN el fin de la confrontación armada. Por eso el Congreso no puede cambiar lo que le autorizó al presidente que negociara. Las modificaciones no las podrían hacer sino las partes que negociaron, y, en este caso el Congreso estaría modificando por su cuenta el acuerdo sin que las Farc tengan derecho a opinar. Esa ha sido la dificultad.

Han pretendido cambiar muchas cosas, por ejemplo, la Jurisdicción Especial para la Paz dice que se podrán acoger a esta jurisdicción los victimarios que hayan cometido delitos en el marco del conflicto armado, delitos relacionados con la confrontación armada. Se ha pretendido entonces vincular a los militares comprometidos con falsos positivos, y eso no tiene nada que ver con el conflicto armado. A esos muchachos inocentes que mataron,  los asesinaron para cobrar subsidios, bonos, vacaciones. Sin embargo, introdujeron esa modificación en la ley para que algunos de esos delitos fueran considerados parte de la Jurisdicción Especial para la Paz. Eso no se puede, porque son delitos de lesa humanidad, así que falta saber el concepto la Corte Constitucional. También en esto de la circunscripción especial de paz, las nuevas representaciones que va a haber en la Cámara sobre territorios que han sido abandonados por el estado, se acordó en la Habana que esos nuevos representantes no pueden pertenecer a partidos tradicionales ni a organizaciones políticas que tengan personería jurídica, sino que sean organizaciones de las comunidades. En el Congreso se intenta modificar eso para decir que los partidos tradicionales sí podrán promover candidaturas y elegir representantes a la Cámara. Quieren modificar el acuerdo para ellos apoderarse de esas representaciones.

¿Luego de la formación del partido de las Farc, qué rol desempeñará Voces de Paz?

Voces de Paz tiene dos tareas. La primera es la veeduría en el Congreso y la segunda es servir de facilitadores para que las Farc den ese ultimo paso para convertirse en un nuevo partido político. Esa labor de facilitación es necesaria porque con el Plan Colombia se diseñó una matriz mediática que tenía como propósito desprestigiar a las guerrillas, y eso se logró. Así fue como el pueblo colombiano se acostumbró a llamar a los guerrilleros de las Farc “bandidos”, “narcoterroristas”, “narco guerrilleros” , “secuestradores”, “extorsionistas” ,“reclutadores de menores” y “violadores de mujeres”. Esos son los siete principales adjetivos con los que los medios se acostumbraron a llamar a los guerrilleros. En cambio, no se oye ningún otro adjetivo para los paramilitares. A ellos se les llama como un sustantivo, nadie les dice descuartizadores, violadores de niños.

Además, están los delitos cometidos por el ejército, llamados falsos positivos: ¡qué manera tan elegante de referirse a un crimen atroz contra muchachos, en algunos casos con discapacidad mental! Así se ve cómo el uso del lenguaje nos lleva a banalizar el mal, porque el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica del año 2014 llamado Basta Ya, dice que, de cada 100 víctimas del país como resultado del conflicto armado, 17 lo son por culpa de todas las guerrillas, y 83 son víctimas del paramilitarismo, fuerzas armadas, organismos de inteligencia, empresarios y políticos. No se compadece la propaganda de desprestigio contra las guerrillas con esas estadísticas, ¿Por qué no se desprestigió al paramilitarismo? ¿Por qué no a las Fuerzas Armadas responsables de los falsos positivos?

Ese odio inoculado en el imaginario popular hace difícil el proceso de reincorporación de las FARC a la sociedad y hace difícil la creación del partido político. Los voceros de Paz tuvimos un encargo de hacer una labor intensa de pedagogía de paz en todo el país para explicarle a la ciudadanía que el partido se va a crear y que las FARC va a reincorporarse a la lucha política legal y su única arma va a ser la palabra. Entonces, terminada en noviembre la labor de normativización del acuerdo en el Congreso, ya no tiene sentido la existencia de Voces de Paz, y el partido de las FARC se va a crear en agosto; para entonces, ya esa tarea de facilitadores también terminará

 Cuando se consolide el partido político de las Farc en el Congreso y se disuelva el movimiento de Voces de Paz, ¿será necesario tener otro grupo de transición que supervise que no haya violaciones al Acuerdo?

Si, lo hay. Hay una misión de la ONU que tiene esa tarea. La primera misión tenía la tarea fundamentalmente de vigilar que la guerrilla cumpliera con lo pactado en la Habana. Ahora, la segunda misión vigilara que el gobierno cumpla con lo pactado. Hay una vigilancia permanente que creo que será por muchos años para garantizar que el Acuerdo se cumpla.

El proceso de paz en nuestro país ha generado sentimientos encontrados, incluso extremos, entre la población; por un lado están aquellos que independientemente de las condiciones de lo pactado, ven al final del camino el logro de un objetivo concreto: la paz; otros por su parte, que fungen estar de acuerdo con la intención de paz pero bajo otros términos diferentes a los pactados, y posiblemente otro segmento que no entra en ninguna de las dos posiciones mencionadas. ¿Por qué cree usted que existe tanta polarización ante un tema tan básico como es la paz, que es un derecho elemental para los seres humanos?

Yo diría que desafortunadamente en Colombia hay un sector de activistas políticos que se benefician de la guerra. Por otra parte está el caso del Centro Democrático con su líder, Álvaro Uribe, que es un hombre mezquino, miserable, que por no haber sido él el gestor principal en el proceso de negociación y finalización del conflicto, se niega a reconocer que Juan Manuel Santos se haya coronado de glorias por haber finalizado ese conflicto. Esa mezquindad lo lleva a criticar, censurar y desconocer el Acuerdo de Paz. Pero creo que la realidad puede más hoy, pues es imposible oponerse al fin de la confrontación armada, ¡ya se acabó! La confrontación armada con las Farc se acabó. Queda el ELN y el EPL, pero las Farc era la guerrilla más grande, la que provocaba más noticias, más hechos de guerra. Oponerse a esa paz es ya tozudez. Les queda el recurso de criticar todo lo que se hace, de magnificar todos los errores, las falencias.

 Y como principal estrategia, mal informar…

Con la campaña del plebiscito nunca he reconocido el triunfo del No. Fue un triunfo logrado con mentiras, con engaños, con argumentos falsos, es decir, todas las habilidades se desarrollaron para generar en el imaginario popular otra versión de la paz. Fue una campaña fraudulenta, los que diseñaron la propaganda a favor del No engañaron a la gente y no lo digo yo, lo dijo el responsable de la campaña. Libre y espontáneamente confesó el doping político que usaron para engañar a la gente. Al gobierno le faltó difundir de manera pedagógica el acuerdo. El pueblo no conoce en realidad eso. Esa ignorancia la aprovechan los malvados para rellenarla con mentiras y propagandas falsas en contra de la paz. Somos un país preso del miedo porque hemos vivido muchos años en la guerra, y en ese ambiente de temores, es fácil convencer a la gente que pueden generarse mas miedos.

 Y aún así, hay personas que defienden esa postura. Usted lo ha vivido de primera mano, este año fue víctima de un atentado en Cartagena y en varias ocasiones ha sido públicamente irrespetada por su ideología. ¿Cómo logra sobrellevar la negatividad?

 La convicción profunda de que tenemos la razón, y la convicción de que la paz es posible y se puede construir. Cuando uno está convencido de eso, uno resiste la crítica, resiste las mentiras y se empeña en desarrollar el trabajo contrario: llevar verdad, aclararle a la gente. En realidad yo no descanso en esta tarea, trabajo de domingo a domingo a todos los niveles, veredal, municipal, regional, explicándole a la gente qué es la implementación al acuerdo, cuáles son los beneficios y cuál es la actitud que debemos asumir para contribuir con la paz. Las Farc dejaron las armas, entregaron las coordenadas de 900 caletas que guardaban municiones, material de guerra y armas sofisticadas. La Paz es una realidad, o, en todo caso, el fin del conflicto armado porque la paz es mucho más que el silencio de los fusiles, es sobre todo justicia social.

Imelda Daza y su esposo. Foto tomada de El Heraldo.

 

Con base en la experiencia en La Habana, ¿qué considera usted que deberían mejorar en las negociaciones, tanto el ELN como el gobierno?

 Creo que la experiencia con la Farc va a servir mucho para que la negociación con el ELN sea más precisa,  puntualice cosas que en este proceso de implementación del acuerdo con las Farc se han mostrado algo complicadas. Las enseñanzas que deja este acuerdo con las Farc son para que con el ELN, y ojalá con el EPL, se logre una negociación más rápida y más eficiente. Creo que con el ELN se va a tener un acuerdo más claro, y se va a tener un compromiso con una democracia más participativa y menos representativa. El gobierno ha reconocido la falencia de que la gente no se enteró de lo que se estaba negociando en la Habana. A medida que se vayan logrando acuerdos a la gente se le irá informando.

En el pasado ha sido candidata para la gobernación del Cesar. ¿Tiene alguna proyección en el campo político en el futuro inmediato?

Mi disposición a continuar en la política es total. No sé hacer mas ahora. No tengo edad ni interés para ser empleada ni para desempañarme en un cargo burocrático. He decidido dedicar esta recta final de mi vida a trabajar por la paz de Colombia. Ahora, dónde trabajar, no sé, porque yo pertenezco a un colectivo, yo no decido lo que yo voy a hacer. Me voy a vincular al nuevo partido, así que será ese el que me asigne una tarea. Aunque si me preguntan, quiero hacer parte del cuerpo legislativo.

Para finalizar, ¿cuál es su visión de futuro de Colombia?

Soy optimista con el futuro de Colombia. Creo que la construcción de Paz, a pesar de las dificultades, va a avanzar aún más.  El país ya está sintiendo qué es eso de la ausencia de la confrontación armada y cada día vamos a entender mejor que esto fue un gran logro. La ausencia de confrontación va a permitir que el país hable de sus otros problemas, los cuales estaban cubiertos y opacados por la guerra. Las noticias eran de la guerra, ahora ya no, la corrupción empieza a ser noticia importante. En la medida en que abordemos esos otros problemas que tiene el país van a empezar a buscarse soluciones. Ahora, la representación del partido de las Farc en el Congreso, por supuesto que va a oxigenar los debates, los temas sensibles de la vida nacional ahora sí se van a debatir. Es otro panorama el que va a tener el país.

Fragmentos destacados de la entrevista a Imelda Daza 

 

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