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Club House, el matrimonio seguro con la comida

Club House, un garaje con sus propias reglas. Nació de la idea del emprendedor Juan Pablo Enciso quien ha cautivado a más de uno con sus gustosos platos.


Mi paladar clamaba por algo exquisito, estaba ansiando degustar algo que me llevara a otro mundo. Sobre todo que en cada mordisco la expresión de mi rostro reflejase un: “quiero más”. Yo quería algo relajado en todos sus sentidos, desde la presentación del restaurante hasta el vestir de cada uno de sus empleados. ¿Lo encontré? ¡Claro que sí! Club House.

En las horas del día podría parecer una casa normal pero cuando la penumbra se asoma las luces amarillas adornan el lugar. Seis mesas se posicionan en la terraza y parte del garaje, sobre cada una de ellas un mug con servilletas. Sin duda alguna ese vaso llamó mi atención toda la noche, no se mucho de idiomas, ustedes me dirán. Por mi mente vagaba algo de francés e incluso alemán.


Mug Club House


CLUB HOUSE, UNA EXPERIENCIA VISUAL

Pero volviendo al lugar, ¿relajado? Completamente. ¿Rustico? Eso lo define mejor que nada. Colores naranjas, rojos, verdes y ante todo marrón es lo que se aprecia dentro del garaje. Las guitarras captan tu atención y si llegas a ser muy observador… casi llegando al techo encontraras a ¡Chucky! no en su estado demoníaco pero créeme llamará tú atención.

Las frases en inglés serán tu distracción en la espera de la comida e incluso hasta un examen de vista te puedes realizar. Al fondo del lugar encontrarás un póster con muchas letras de todos los tamaños. El lugar se convierte en todo un museo ante tus ojos, solo te hace mirar y mirar más.


Interior Club House


DELICIAS A LA TABLET

Si te había comentado al principio que ansiaba algo relajado, así fue. Los meseros eran chicos muy jóvenes, vestidos a su gusto: jeans y camiseta. Pero, ¿cómo identificarlos? Fácil, cada uno tiene una tarjeta que dice “Club House”.

Mientras esperaba se me acercó un chico, al principio creí que me entregarían una carta. Pero para mi sorpresa las delicias venían a la tablet. El chico me comentaba cada plato, lo que contenía y sus respectivos precios.

Acerca de sus especialidades, los frapuccinos. Pero como no serlos si como se ven, gustan. Sándwiches con anillos de cebolla, papás a la francesa, en cascos, como tú prefieras. Algo que me atrajo la atención de sus platos fueron los precios, desde diez mil hasta un máximo de treinta mil, y créanme vale la pena.

EL MATRIMONIO

¡La hora llegó! Debo admitir que quería pedir todo lo que había pero finalmente me decidí por una malteada de fresa junto con una picada, más conocida como “Potato Club”. ¿Podría comerme todo eso? En mi mente mi estómago era capaz, la realidad me decía: ¡No!

Y comenzó la maravillosa experiencia a través de mis papilas gustativas. ¿Alguna vez habían visto algo gigante? Les digo que la malteada de fresa lo era. Primero pasaron las fresas, exquisitas. Segundo, la malteada con helado y fresas me mantenían con los ojos cerrados y mi cerebro llevando al máximo la liberación de endorfinas, es decir, la felicidad. Pero cuando probé la crema, eso sin más preámbulo fue como haber encontrado finalmente la aguja en el pajar.


Malteada de fresa Club House


Mientras tomaba mi malteada no podía estar más apurada por probar el “Potato Club”, la cual contiene cascos de papas con queso cheddar, salsa barbecue, cilantro, papas a la francesa, pollo, tocineta y todo en una perfecta e impecable presentación. Solo había degustado un trozo cuando mi primer pensamiento fue: “acepto casarme, amar y respetar a la Potato Club”.


Potato Club


Lo importante es que no te quedes con las ganas ni vagando en tu imaginación cómo sería probar cada uno de estos platos. Acércate a “Club House” porque más que comida vivirías una experiencia inigualable. Un garaje que tiene sus propias reglas. Están ubicados en la carrera 39 #73 -179. 

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