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La Claqueta: Cinema Paradiso, una declaración de amor al cine

Escena 1. Toma 4.

La semana que vi esta cinta mi padre había traído varias películas italianas a la casa. Sin embargo, hoy sólo recuerdo haber visto La vita é bella de Roberto Benigni. Hace poco decidí volver a ver Cinema Paradiso cuando la encontré deambulando por Youtube, fue una buena decisión. 

En un pequeño pueblito de la Italia de la posguerra comienza a nacer el amor de un niño por el arte más reciente que ha parido la humanidad. Ese mismo niño, años más tarde, se convertiría en un famoso director de cine y decidiría volver a ese caluroso pueblo donde forjó su amor por las películas y donde un viejo amigo le pidió, de todo corazón, que jamás regresara.

Pero esta película no se trata solamente de Totó, de su viaje por la vida, de sus primeros amores, de sus primeras decepciones, de sus amigos y de su pasión por el cine. Cinema Paradiso también trata de todo el pueblo que lo rodea, de cómo el tiempo cambia a las personas y los lugares pero fortalece otra parte de nosotros. Al final de todo, en su significado más profundo, esta película me recuerda a una frase que aparece en El secreto de sus ojos (para algunos catalogada como la mejor película argentina) que dice: “El tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión o de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión”.

Se nota como Giuseppe Tornatore, director de esta película, le pone todo el cariño a los personajes que nos presenta, siendo Totó el reflejo de su propio espejo. De cómo una verdadera pasión perdura inclusive con el pasar de los años, con el ir y venir de la vida. Totó encuentra en el Cinema Paradiso el significado de su existencia, de ver películas, de proyectarlas y de hacerlas. Él entiende que el cine es el motor de su pueblo, que es un sanador  de heridas y que hace olvidar los problemas. Así, de una u otra manera, cuando se hace una película se hace un trabajo social.


El despertar de una pasión

Salvatore Cascio interpretando a un pequeño Totó en la sala de cine.

La película está claramente divida en tres etapas, la primera de ellas nos cuenta la historia del pequeño Totó y de cómo su curiosidad y persistencia le permiten entrar a la sala de proyección del Cinema Paradiso. Ahí conoce a Alfredo, el corazón de esta película, quién se convertirá en su mejor amigo y, a su vez, en su figura paterna. Descubre la ciencia detrás de proyectar una película y el peligro de los rollos inflamables. Pero más importante que todo eso, Totó descubre su pasión.


Los primeros amores

Marco Leonardi interpreta a un joven Totó en sus primeros pasos haciendo cine.

El tiempo pasa y Totó ahora se ha convertido en la única persona que proyecta las películas en el pueblo, la gente lo quiere y lo conoce. En esta misma etapa aparece una chica que lo hace olvidar al cine por momentos, pero también comienza a filmar con su cámara personal. Años de primeros amores y de primeros pasos en su camino para convertirse en director.


El desencanto del tiempo

Jacques Perrin interpreta a un adulto Totó, conocido ahora en la industria del cine como Alfredo Di Vita.

El tiempo hace de las suyas y con el pasar de los años Totó parece perderle el encanto a lo que hace. Se ha olvidado de todo lo que dejó atrás, del motor emocional que lo impulsó para llegar a donde está. Totó decide volver a su pueblo para recordar esos años donde todo era simple, donde todo era el amor por hacer películas. Pero esta vez todo será distinto porque el tiempo le mostrará que hizo de las suyas más de lo que imaginaba.


Cuando vi Cinema Paradiso por primera vez, en la sala de mi casa, me entretuve por el momento. Ahora que he vuelto a verla me hace pensar por momentos. Entiendo que esta película no es más que Tornatore dando una declaración pública de amor incondicional por el cine, pero también es una invitación, una simple y nostálgica: que recordemos por qué nos apasiona aquello que nos apasiona y lo interioricemos. Tornatore nos invita a no tener vergüenza ni miedo de mostrar públicamente esa pasión y a que no la perdamos a pesar de los puñetazos de la vida.

¡Corte!

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