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Juntos crecemos más

Esta es la historia de un grupo de jóvenes que promueven y refuerzan el estudio de niños cartageneros entre 10 y 14 años.

Por Luisa Fernanda Reyes

Son las 6:00 de la mañana y se respira paz. El carretillero va gritando por toda la Calle de la Virgen en el barrio Olaya Herrera en la ciudad de Cartagena, mientras Juan Andrés y su hermana Mar Azul -sin hacerse los sordos- responden ante el llamado de Aminta, su abuela. Ella suele despertarlos cada mañana para ir a la escuela.

Al otro lado de la ciudad, cruzando en lancha desde el hospital de Bocagrande hasta Tierra Bomba se encuentran Jayder y todos sus hermanos. “Uno, dos y tres, dímelo otra vez, si no lo repites, te toca perder”, corean mientras se arreglan. Marcela, la hermana menor, entrelaza sus dedos en su rizado cabello para desenredarlo y así poder hacerse el peinado que tanto le gusta usar cada sábado.

A 4.5 km de Tierra Bomba, en el suroriente del Corralito, están Clara, Fermín y Lorayne, unos primos que, aunque flojos para el estudio, nacieron para cantar.

La mañana avanza y todos van saliendo de casa con rumbo a Manzanillo El Mar, un barrio al norte de Cartagena en donde habitan, ante todo, pescadores y comerciantes de alimentos de mar. Allí, en el lote de ‘Jonicito’, a dos calles de la iglesia, se encuentran los jóvenes de la Fundación Yo Amo A Cartagena, cuya fortaleza está en reforzar y promover el estudio en niños entre 10 y 14 años. Un dato de referencia: en Colombia, de acuerdo con el Ministerio de Educación Nacional, cerca de 319 mil niños y adolescentes (el 3,07 por ciento del total de la matrícula nacional, que es de 10’381.403) desertaron de sus colegios.

Jhonny Enrique, un soñador, amante de la ayuda social y estudiante de derecho con tan solo 23 años, es el presidente y fundador de la Fundación. Desde hace 5 años comenzó con este sueño, un sueño que abarca la construcción de un país. “El progreso de una nación no solo se mide en cemento y edificaciones, sino en la calidad de su sistema educativo”, recuerda que decía el carismático periodista Jaime Garzón.

Poco a poco van llegando los niños:  Juan Andrés con su hermana Mar Azul y su abuela; Jayder, Marcela, Paula, Clara, Fermín, Lorayne y muchos más. Cada sábado se reúnen junto a jóvenes líderes de la Fundación para recibir clases de sus actividades favoritas, guitarra, fotografía, baile, canto y deporte.

Son las 10:00 de la mañana y Laura, una de las líderes de la Fundación, separa por grupos a los niños, dependiendo sus intereses. Entre risas y cuentos se conocen todos, creando lazos de amistad que seguramente podrán perdurar toda la vida.

Es hora del almuerzo y se detienen los oficios. Como en un buffet, se organizan todos en fila sirviéndose su comida. Hay carne desmechada, pollo guisado o carne molida como opciones de proteína para este caluroso medio día; lo pueden acompañar con arroz de fideo, puré de papa o patacones, el aperitivo típico de los cartageneros. Mientras comen, cuentan sobre el interés que tiene cada uno en mejorar sus calificaciones en el colegio. Han escuchado que el año pasado la Fundación regaló bicicletas nuevas a los mejores estudiantes de cada clase en todos los colegios de la comunidad de Manzanillo de Mar…

“Nosotros queremos regalarles sonrisas, esperanzas y muchas ilusiones a todos los niños de Cartagena, no queremos que abandonen sus sueños por más obstáculos que tengan. Deseamos que crean en ellos y en lo capaces que son; que acrecienten sus ganas de fortalecer lo que ellos quieren ser. Queremos una Cartagena diferente, una Colombia diferente. Y que Cartagena crezca como ciudad para así crecer como país”. Jhonny Enrique, el presidente, cree que todo empieza desde la infancia, desde la educación.

Termina la hora del almuerzo y los jóvenes de la Fundación reúnen a todos los niños en un quiosco de palma, en donde empieza una pequeña y también nutritiva charla. Es sobre la importancia de mantener vivos los valores, la buena educación, el respeto, la perseverancia y el coraje. Son las palabras protagonistas de María Fernanda, una joven de 20 años que desde el inicio ha estado apoyando el proceso.

Mientras el sol se va ocultando entre las nubes y sobre el Mar Caribe, los niños se organizan para regresar a sus casas. Ha culminado la jornada y solo quedan palabras de diversión y de felicidad. Fuertes abrazos… y que ojalá la semana pase rápido para volver a reunirse.

Dicen que en los próximos meses los miembros de la Fundación ampliarán a otros sectores de la ciudad sus visitas. Puede ser. Mientras tanto, Aminta toma de la mano a Juan y a Mar Azul, camina hacia la Avenida Santander, levanta la mano y para un bus Olaya-Centro. Durante 45 minutos va platicando con sus nietos acerca del día y acerca de la cena que ella les va a preparar. De nuevo están en la Calle de la Virgen, pero ahora el carretillero no va ofreciendo sus frutas porque, menos mal, ha vendido todo.

Foto vía: Facebook Fundación Yo Amo Cartagena


Para todos los que nos formamos como contadores de historias en este particular espacio de tiempo, y en estos momentos cuando estamos buscando dejar atrás la piel de un reptil que, como país fuimos, es necesario aprender a armar memoria, sin perder los estribos, con pedazos sueltos, pedazos de acciones, recuerdos y olvidos.

Esta es una colección de historias que ofrecen oportunidades, historias quizá nuevas, quizá conocidas, pero todas escritas desde las perspectivas a veces juguetonas, a veces muy formales, de una serie de mentes fértiles de las que brota la necesidad de dar a conocer un país diferente a aquel que nos venden y que, tristemente y con frecuencia, compramos al precio más bajo.

#YoConstruyoPaís es la muestra inequívoca de que Colombia vale oro. Y a la vez es una invitación de El Punto y las jóvenes generaciones de periodistas de Uninorte -que no pasan de sus 20 años-, a pensar y proponer un país mirado desde la paz.

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